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| Apuntes liberales |
| ¡Toma el dinero
y corre! |
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| El PSOE ha sembrado dudas injustificadas
sobre los empresarios sin reparar en las posibles consecuencias. |
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| El cambio de Gobierno parece conducirnos
irremisiblemente a un capitalismo de segunda división,
cuyo principal signo es la larga mano del poder. El ministro
Montilla, con un curriculum bastante mejorable, siembra
dudas sobre la capacidad de algunos responsables empresariales;
el vicepresidente Solbes también se muestra sorprendido
sobre la idoneidad de otros, naturalmente sin citarlos,
y la número dos del gabinete, María Teresa
Fernández de la Vega, acaba de rematar la faena
diciendo, con ese rictus de respetabilidad que tiñe
de cabal sus palabras: "El Gobierno tiene derecho
a opinar sobre los presidentes de los grupos privatizados".
Yo matizaría a nuestra 'número dos', y al
resto, que la cuestión no es si puede sino si debe.
No hay país occidental serio, salvo la España
de hoy, en el que el Ejecutivo señale peyorativamente
a los empresarios, en ausencia de razones penales. Con
gran escepticismo por mi parte, Zapatero prometió
regeneración y juego limpio. Los hechos demuestran
que estamos ante la flagrante resurrección del
socialismo de antaño, caracterizado por una irrefrenable
ansia de ocupación. Este PSOE del emblemático
talante ha entrado en la Administración, que es
lo que se tiene más a mano y resulta más
sencillo, como Atila. Pero quizá lo más
deplorable y elocuente de sus genuinas intenciones sean
los cambios de presidencia del Museo del Prado, de la
dirección del Reina Sofía y de la gerencia
del Teatro Real, sin que los expertos y consumidores habituales
de cultura hubieran avanzado queja alguna. Ahora le toca
el turno al mundo empresarial. Han empezado a atizar la
palmera para ver qué fruta cae. Se han cobrado
las piezas de Red Eléctrica, de Hispasat, de Correos,
han forzado el cambio en las cámaras de comercio,
para ser alguien en televisión hay que fichar con
el carné del PSOE en la boca -algo que jamás
ocurrió en tiempos de Urdaci-, pero quedan las
joyas de la corona: Endesa, Repsol, Telefónica.
En ésas estamos. Ya lo dijo Cafarell: del cambio
propiciado por las urnas deviene una suerte de legitimidad
absoluta para instaurar la nueva sensibilidad, es decir,
para colocar a la lista inacabable de amigos. El inefable
Montilla ha apuntalado el argumento: es de esperar de
las grandes empresas que compartan los objetivos políticos
del nuevo Gobierno. Muchas veces me pregunto cuál
debería ser la actitud lógica de los inversores
extranjeros, muchos de ellos fondos de pensiones, y sólo
me viene a la cabeza el título de Woody Allen 'Toma
el dinero y corre'. |
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