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| Por descontado |
| La caja de los truenos |
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| El BSCH va a conseguir hacerse
con el Abbey. Ha abierto la caja de los truenos también
en España. |
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Al final el Banco Santander Central Hispano
se ha quedado solo en su carrera por la adquisición
del Abbey National Bank británico, entidad especializada
en el negocio hipotecario en el Reino Unido y que cuenta
con 10 millones de clientes. El banco español va
a dar un salto de gigante en cuanto a capitalización
bursátil y tamaño de negocio separándose
de forma clara de su competidor el Banco Bilbao Vizcaya
Argentaria. Distancia que se agrandará mientras
el BBVA no decida intentar una operación similar,
algo de lo que dicen no tener mucha prisa aunque siguen
apostando por intentarlo en Italia.
Las autoridades británicas, que han permanecido
silenciosas al menos en el terreno público, no
tienen más remedio que aprobar una operación
que no acaba de gustar, sobre todo por lo que significa
de pérdida de una parte importante del sistema
financiero que, una vez se consume la compra, pasará
a ser controlada por una entidad extranjera. Siempre pasa
lo mismo.
La operación es la primera trasnacional que se
lleva a cabo en el sistema financiero europeo y no deja
de tener su importancia que se realice entre un banco
que opera en euros y otro que lo hace en una moneda que
aún no se ha integrado en la divisa común
europea. Y los problemas no van a ser solo los derivados
de que el BSCH se ha comprometido a repartir dividendos
en libras.
Pero lo importante es que abre el camino en un sector
en el que las operaciones en países distintos han
sido escasas. Cuando se han dado se han centrado en compras
de entidades pequeñas o medianas por parte de grandes
bancos internacionales. Solamente la compra del portugués
Totta & Açores, por parte también del
BSCH, puede ponerse como antecedente parecido.
El futuro no está escrito, pero las grandes empresas
españolas, no sólo los bancos, tienen que
empezar a pensar en que a partir de ahora pueden estar
en el punto de mira casi de cualquiera, al menos de sociedades
radicadas en el Reino Unido. Si un gran banco británico
quiere comprar uno español, no habrá razones
políticas que lo impidan. Pero tampoco si la pieza
a adquirir es una petrolera, una operadora de telecomunicaciones
o una eléctrica, por ejemplo. Mas si el Gobierno
se ha aplaudido la operación.
Emilio Botín va a lograr crear el primer banco
europeo, y eso es lo que le preocupa. Otros son los que
deben velar por el futuro del resto de las grandes empresas
españolas.
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