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La batalla por el control del grupo de construcción
y servicios FCC, con el pulso legal entre Esther Koplowitz
y la competidora Acciona, ha situado en el primer plano
de la actualidad a un joven directivo, José Manuel
Entrecanales, que a sus 41 años acaba de tomar
el relevo como máximo responsable del grupo fundado
por su abuelo. El joven Entrecanales es un ejemplo destacado
de la nueva generación de directivos que rozan
o acaban de pasar la barrera de los cuarenta, y que
han dejado de ser valores de futuro para convertirse
en líderes efectivos de las empresas españolas
de este siglo, tanto familiares como cotizadas en Bolsa
o multinacionales.
El relevo es, en sí, positivo: la falta de experiencia,
siempre relativa en directivos con trayectorias tan
brillantes, se compensa con las ventrajas de una nueva
forma de afrontar los negocios, más acorde con
los nuevos retos de un mercado que cambia sus reglas
de juego a ritmo acelerado. Pero la llegada a los puestos
de máxima responsabilidad de esta nueva generación,
cuyos representantes más destacados han encontrado
su hueco en el reportaje que publicamos en este número,
conlleva algo más difícil que disfrutar
de las ventajas del cargo: el proporcionar un liderazgo
efectivo a organizaciones empresariales terriblemente
complejas, ofreciendo además resultados económicos
brillantes en un mercado con márgenes a la baja.
Para conseguirlo, los nuevos líderes empresariales
españoles cuentan con algunas armas de las que,
en muchos casos, no disfrutaron sus predecesores. En
primer lugar, un nivel de formación muy superior
al tradicional en los cuadros corporativos nacionales.
Dominan los idiomas, en muchos casos han estudiado su
carrera o sus másters en las mejores universidades
internacionales... Están, en definitiva, sobradamente
preparados para los retos que afrontan.
Además, han crecido profesionalmente al calor
de las oportunidades que brindan las nuevas tecnologías,
Internet y el mundo digital, y han aprendido antes que
nada las ventajas y las exigencias de competir en un
mercado globalizado.
En el caso de las empresas familiares, han llegado al
puesto teniendo muy claro que se heredan las acciones,
pero no el talento, y que deben medir sus fuerzas con
gestores externos cuya presencia al frente de este tipo
de compañías es cada vez más habitual.
En sus casos, la exigencia de resultados es doble, o
triple, ya que deben responder ante el mercado, los
empleados y sus propios familiares.
El cambio al frente de la España corporativa
es ya un hecho, y hay que felicitarse de que se esté
llevando a cabo sin traumas y con buenos resultados
en la mayoría de los casos. Al fin y al cabo,
esos líderes nos representan un poco a todos,
y sus éxitos y aciertos serán los de toda
una generación preparada para tomar el relevo.
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