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Las vacaciones han servido para que el petróleo
eleve su precio hasta niveles récord y para recordar
que las economías de los países avanzados
siguen dependiendo en exceso del producto.
El precio del crudo roza los 50 dólares en el
mercado estadounidense y supera los 44 en el europeo.
Hace poco menos de un año la OPEP logró
un acuerdo para garantizarse que el precio final estaría
en el entorno de los 30 dólares por barril y
que si existía alguna probabilidad de que tendiera
a la baja se recortaría la producción
para presionar a los precios. No sólo no ha sido
necesario actuar en esta dirección sino que,
a pesar de hacerlo en sentido contrario los precios
han seguido subiendo.
Las razones para ello son varias y ninguna parece que
vaya a desaparecer a corto plazo. La primera, y posiblemente
la más importante, es el fuerte tirón
de la demanda generado por el espectacular crecimiento
económico de China e India. Los dos gigantes
asiáticos aumentan su PIB a un ritmo superior
al 8% anual desde hace varios años. Y necesitan
crecientes cantidades de energía para mantener
ese ritmo.
La recuperación de la actividad en América
Latina, unida a la de Estados Unidos y Japón,
también genera necesidades crecientes de petróleo,
aunque es cierto que Japón, por ejemplo, ha mejorado
sustancialmente su eficiencia energética y ya
no es tan dependiente del llamado oro negro como lo
era hace una década.
Junto a razones puramente económicas hay otras
políticas que explican también el elevado
precio del petróleo. La caótica situación
en Irak impide una extracción continua de sus
pozos; en Venezuela se han vivido unos meses muy tensos
políticamente hasta que se ha resuelto la cuestión
del referéndum revocatorio del presidente Chávez.
Se supone que, pasado este episodio, las aguas volverán
lentamente a su cauce. En las últimas semanas
los huracanes caribeños han impedido, adicionalmente,
que la industria venezolana trabajara a pleno rendimiento.
La crisis de la petrolera rusa Yukos y la continua inestabilidad
que se vive en Nigeria han sido otros dos factores más
de convulsión.
Estas últimas causas han generado movimientos
especulativos fuertes en el precio final, influyendo
según los expertos entre 5 y 8 dólares
por barril. Pero en todo caso la principal causa del
encarecimiento es económica por la mayor demanda.
Y eso tiene poco arreglo a menos que se mejore la eficiencia,
algo en lo que la economía española debería
centrarse.
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