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Tres premios importantes han recaído en economistas
jóvenes que, además, pueden presumir de
un currículum científico impecable y homologable
internacionalmente. Lo primero da fe de un cambio generacional
bienvenido y lo segundo permite abrigar la esperanza
de que, desde ahora y para siempre, los jurados tomen
sus decisiones basándolas en méritos científicos
tal como ha sido el caso de los tres economistas españoles
a los que me estoy refirendo: Jordi Galí (premio
Jaime I), Roberto Serrano (premio de la Fundación
del Banco Herrero) y Xavier Sala i Martì (premio
Rey Juan Carlos).
La cosecha se complementa con dos premios españoles
que han recaído sobre economistas no españoles.
El premio Bernácer ha sido concedido a Luigi
Zingales y el Príncipe de las Ciencias Sociales
a Paul Krugman. También en estos dos casos las
aportaciones científicas de los premiados son
importantes de forma que los correspodientes jurados
de los cinco premios (cuya composición no conozco
con detalle) pueden estar seguros de que no han cometido
ninguna tropelía intelectual.
La concesión de los cinco premios a los economistas
mencionados ha sido tratada por los medios de comunicación
de manera desigual. Los méritos científicos
de todos ellos han sido glosados muy sucintamente y
los tres últimos premiados han sido "leídos"
en clave extracientífica, posiblemente porque
ellos mismos colaboran en esos medios.
Hoy me gustaría centrar mi segunda opinión
en Paul Krugman, quien lleva ya tiempo escribiendo dos
columnas semanales en el New York Times en las que ataca
sin piedad a la administración Bush por su política
fiscal y, sobre todo,por su unilateralismo militarista.
Pues bien, llama la atención que Krugman sea,
entre los premiados, el único cuyos méritos
científicos han sido más pobremente destacados
y que más crticado ha sido por politólogos
y economistas liberales.En mi opinión, sin embargo,
sus aportaciones son reseñables y el jurado ha
hecho bien en citar, junto a éstas, su labor
periodística. Trataré de explicarme.
El trabajo de Krugman como investigador de primera fila
ha estado centrado en la aplicación de la hipótesis
de los rendimientos crecientes a escala a las áreas
del Comercio Internacional y de la Economía Urbana,
areas que ha renovado completamente. Los rendimientos
crecientes en sí mismos permiten un crecimiento
endógeno, desencadenado por por la innovación
tecnológica, que puede dar origen a un aumento
continuo del PIB per capita alumbrando así un
camino que ilumina la marcha generalmente lúgubre
de la Economía, pero que, al mismo tiempo, amenaza
con la concentración de poder propia del monopolio
al fallar, en este caso, la viabilidad del comportamiento
competitivo.
No nos debiera extrañar pues que Krugman sepa
moverse en el filo de la navaja y que al mismo tiempo
defienda a su país de una política fiscal
mal diseñada y lo critique por la invasión
de Irak y por el manejo subsiguiente de la situación.
Esta habilidad es una manifestación obvia de
su "pasión por el conocimiento", una
cualidad ésta que no parece adornar a quienes
han querido ver en el fallo del jurado del Príncipe
de Asturias simple oportunismo político y un
ejemplo de esa corrección política que
siempre se inclina, según ellos, hacia la izquierda.
A mi juicio sus columnas periodísticas son un
estimulante contrapunto a sus trabajos científicos
y contribuyen a mostrar el carácter irremediablemente
paradójico de una personalidad indomable. Quizá
sea esto lo que molesta.
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