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© Unidad Editorial. 2007.
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Economía, dentro de un orden
Lula, alumno y maestro
Como cuando la inflación hace un año, le han vuelto a hacer la pinza a Lula entre la zurdería de su partido y la derecha conservadora.

El presidente de Brasil demuestra cada día gran capacidad de aprendizaje ("Sólo con humildad intelectual se alcanza la sabiduría"): Lula había prometido duplicar el salario mínimo durante su mandato pero, con el timón ya en la mano y recibidas las primeras lecciones que enseña el gobierno responsable, decretó un aumento más modesto que situó el salario mínimo en 260 reales, desde los anteriores 240.

El Presidente ha explicado que un alza mayor perjudicaría las cuestas públicas, pero el Senado ha echado los pies por alto y, con los votos incluso de varios miembros del izquierdista Partido del Trabajo de Lula, ha aprobado una propuesta del derechista PFL para subir el salario mínimo hasta los 275 reales.
Otra vez le han hecho la pinza a Inázio Lula, entre la izquierda de su partido y la derecha conservadora. Le pasó lo mismo cuando lo de la inflación hace un año: la zurdería de su partido y los empresarios le reprocharon entonces al Presidente de Brasil que no fuera condescendiente con la inflación.

Pero Lula, que empezó su mandato siendo un buen alumno de Economía, a la altura de hoy, puede decirse que, sin merma de seguir aprendiendo (lo que debe hacerse mientras haya vida), se ha convertido en un maestro del ramo. Sí, señor Presidente, la inflación es el fenómeno político más reaccionario, empobrecedor e inmoral que pueda darse, y acabar con ella debe ser el objetivo prioritario de cualquier gobernante decente, no importa de qué partido sea.

Y también acierta Lula en lo del salario mínimo, y no sólo por sus propias razones, sino también por alguna más. En efecto, establecer preceptivamente un salario mínimo implica convertir en ilegales las colocaciones retribuidas por una cantidad inferior, y las personas empleadas en puestos cuya valoración no sea igual o superior a ese salario mínimo legal difícilmente volverán a encontrar empleo. La implantación de un salario mínimo, cuando es superior al valor que atribuye el mercado a alguna colocación, sustituye salarios bajos por paro, afectando éste a quienes hacían el trabajo menos productivo por su menor formación. No en vano, dicen los economistas que la ley del salario mínimo es la más "antinegra" de los Estados Unidos. En general, perjudica en todas partes, paradójicamente, a quienes pretende defender: ¡El infierno está empedrado de buenas intenciones!

 
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