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El presidente de Brasil demuestra cada día gran
capacidad de aprendizaje ("Sólo con humildad
intelectual se alcanza la sabiduría"): Lula
había prometido duplicar el salario mínimo
durante su mandato pero, con el timón ya en la
mano y recibidas las primeras lecciones que enseña
el gobierno responsable, decretó un aumento más
modesto que situó el salario mínimo en
260 reales, desde los anteriores 240.
El Presidente ha explicado que un alza mayor perjudicaría
las cuestas públicas, pero el Senado ha echado
los pies por alto y, con los votos incluso de varios
miembros del izquierdista Partido del Trabajo de Lula,
ha aprobado una propuesta del derechista PFL para subir
el salario mínimo hasta los 275 reales.
Otra vez le han hecho la pinza a Inázio Lula,
entre la izquierda de su partido y la derecha conservadora.
Le pasó lo mismo cuando lo de la inflación
hace un año: la zurdería de su partido
y los empresarios le reprocharon entonces al Presidente
de Brasil que no fuera condescendiente con la inflación.
Pero Lula, que empezó su mandato siendo un buen
alumno de Economía, a la altura de hoy, puede
decirse que, sin merma de seguir aprendiendo (lo que
debe hacerse mientras haya vida), se ha convertido en
un maestro del ramo. Sí, señor Presidente,
la inflación es el fenómeno político
más reaccionario, empobrecedor e inmoral que
pueda darse, y acabar con ella debe ser el objetivo
prioritario de cualquier gobernante decente, no importa
de qué partido sea.
Y también acierta Lula en lo del salario mínimo,
y no sólo por sus propias razones, sino también
por alguna más. En efecto, establecer preceptivamente
un salario mínimo implica convertir en ilegales
las colocaciones retribuidas por una cantidad inferior,
y las personas empleadas en puestos cuya valoración
no sea igual o superior a ese salario mínimo
legal difícilmente volverán a encontrar
empleo. La implantación de un salario mínimo,
cuando es superior al valor que atribuye el mercado
a alguna colocación, sustituye salarios bajos
por paro, afectando éste a quienes hacían
el trabajo menos productivo por su menor formación.
No en vano, dicen los economistas que la ley del salario
mínimo es la más "antinegra"
de los Estados Unidos. En general, perjudica en todas
partes, paradójicamente, a quienes pretende defender:
¡El infierno está empedrado de buenas intenciones!
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