|
Hace no tanto tiempo, juzgar la calidad de la gestión
de una empresa -algo que, por cierto, los mercados se
encargan de hacer todos los días- era relativamente
sencillo. Bastaba con saber leer las líneas clave
de un balance y una cuenta de resultados: cuanto vende,
cuánto crece, cuánto gana por cada cien
pesetas ingresadas, a cuánto asciende su deuda,
y cuánto se puede repartir como dividendo una
vez atendidas las necesidades presentes y futuras del
negocio. Hoy, todas esas variables siguen siendo esenciales,
y si no resultan satisfactorios, no puede hablarse de
buena gestión. Pero no son suficientes: no sólo
los accionistas, sino la sociedad en su conjunto se
ha aplicado a la tarea de supervisar cómo trabajan
las empresas, cual es su grado de implicación
en hacer del desarrollo económico un proceso
sostenible.
Hoy, por ejemplo, es impensable que una compañía
importante, con una marca y una imagen que cuidar, haga
abstracción de la forma en que sus proveedores
o fabricantes externos traten a sus proveedores. De
hecho, son habituales los casos en que se inspeccionan
las condiciones laborales antes de hacer los pedidos.
De la misma forma, es impensable que una empresa que
cause daños continuados e incontrolados al medio
ambiente pretenda conseguir la aprobación social:
lo mas probable es que sólo coseche un rechazo
ciudadano nocivo para su capacidad de hacer negocios.
Lo mismo puede decirse de las condiciones de trabajo
de los propios empleados, de las inversiones en conservación
y promoción de bienes o actos culturales, de
la ayuda privada al desarrollo, o del cumplimiento de
las normas de buen gobierno corporativo. Todos esos
conceptos, y algunos más, forman lo que se ha
dado en llamar Responsabilidad Social Corporativa (RSC),
que ocupa ya una parte creciente de la atención
de los gestores por una razón muy sencilla: hacer
negocios sin tener en cuenta la vertiente social de
la empresa es cada vez más difícil, y
pronto será imposible.
Actualidad Económica ha acometido la tarea de
poner en pie el primer Ránking de la RSC que
se realiza en España. A través de una
metodología de análisis bien diseñada,
en la que la redacción de la revista tiene sobrada
experiencia, hemos intentado poner orden en el aluvión
de iniciativas relacionadas con la acción de
las empresas en favor de la sociedad y los ciudadanos.
El reto se ha visto facilitado por un hecho incontestable:
las empresas están cumpliendo, y prueba de ello
es el crecimiento exponencial en la publicación
de Memorias de Responsabilidad Social.
Hemos comenzado el análisis por las 35 empresas
que forman el índice Ibex 35 de la Bolsa, pero
nuestra intención es no quedarnos ahí:
en próximas ediciones del Ránking, pretendemos
seguir el ritmo al que la España corporativa
se está incorporando al fenómeno de la
acción social.
|