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A pesar de ello parece pertinente clarificar algunas
de las ideas convencionales que subyacen a las decisiones
que toman los organismos reguladores en general, y en
particular los Tribunales de Defensa de la Competencia.
La primera idea a reconsiderar es que cuando en un mercado
hay pocos agentes productivos debemos vigilar las prácticas
de esos pocos. Puede no ser necesario actuar ya que
unos pocos agentes agresivos pueden llegar a tener una
rivalidad tal que funcionen como competidores perfectos
sin prácticas colusivas; pero vigilar parece
inexcusable. Pero, ¿y si hay un solo agente?
Pensemos primero en un monopolio natural, como por ejemplo
la generación eléctrica. Podemos regularlo.
Pero también podemos liberalizar e introducir
la competencia. Sin embargo, y como muestra, entre otros,
el caso de California, si nos decantamos por esa vía
liberalizadora hay que hacerlo bien lo que, en general,
quiere decir no menos, sino más liberalización.
Pensemos en segundo lugar en un monopolio fruto de una
innovación tecnológica que consigue llevar
al mercado un nuevo producto para el que hay demanda,
como podría ser, por ejemplo, una nueva fórmula
farmacológica. Podríamos obligarle a otorgar
licencias a otras compañías farmacéuticas
para que se difunda el uso de la fórmula. Pero
también cabría permitir al innovador que
se atrinchere detrás de su patente sin obligación
de otorgar licencia alguna. En mi opinión habría
que optar por la segunda opción si queremos que
los competidores se apresuren a descubrir un nuevo compuesto
sustitutivo y, probablemente, mejor.
Y pensemos para terminar en un monopolio artificial
creado por una interpretación extensiva de los
derechos de propiedad intelectual que ensancha su ámbito
de aplicación a "objetos" cuya protección
parece absurda y que los dilata en el tiempo hasta extremos
ridículos. En este caso, y digan lo que digan
los juristas, mi opinión es reducir estos monopolios
puesto que son malos para la competencia y, lejos de
difundir la innovación, la retardan aunque se
les obligue a otorgar licencias.
Vemos pues que a la pregunta sobre qué hacer
cuando creemos detectar la huella de un cierto poder
monopólico, sólo cabe responder que depende.
Y si me preguntan de qué depende creo que debo
contestar, como dice mi amigo RL, que esto también
depende. Si me siguen preguntando de qué, no
jugaré con su paciencia: del poder, ¡claro
está!. Y no me pregunten de cuál.
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