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El vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía,
Pedro Solbes, está en el punto de mira. El titular
de Economía y Hacienda ha tenido que intervenir
más de lo que le gusta. Ha tenido que salir a
matizar las afirmaciones de algunos compañeros
de Gabinete; al tiempo que el presidente del Gobierno,
José Luis Rodríguez Zapatero, le ha corregido
sobre la cercanía o no de la reforma fiscal prometida
en el programa electoral de los socialistas.
Pero lo sorprendente es que quienes dicen que más
le apoyan ahora son algunos que estaban colocados en
las antípodas y que estaban girando como consecuencia
del resultado electoral de marzo. Lo mismo, y dado que
la distancia entre el PSOE y el PP se ha acortado si
se comparan los resultados de marzo con los de las elecciones
al Parlamento Europeo, estos apoyos desaparecen.
Es normal que una parte del PSOE apoye a Pedro Solbes
de forma decidida. Está formada por quienes siempre
han tenido unas ideas más liberales dentro de
esa formación política. Es normal, también,
que otra parte vea con peores ojos las cosas que el
ex comisario europeo quiere mantener como política
económica del Gobierno. Algunos más intervencionistas,
quienes no han renunciado al papel activo del Estado,
consideran que no es el momento de renunciar sino más
bien todo lo contrario: recuperar parte del terreno
que se ha cedido con los gobiernos anteriores. Es la
eterna pelea que mantienen las dos líneas del
PSOE. Naturalmente que, al día de hoy, ni los
más alejados ideológicamente de Solbes
en el partido socialista ponen en cuestión su
continuidad.
Lo raro es ver como algunos expertos económicos
que hasta hace dos meses se habían alineado con
las tesis del Partido Popular ahora no dudan en señalar
que "menos mal que Pedro es el vicepresidente económico"
e incluso afirman que ayudan todo lo que pueden para
sostener a Solbes.
Es evidente que el vicepresidente no les ha pedido consejo,
entre otras cosas porque los puentes estaban bastante
deteriorados. Como muy pocos pensaban en una victoria
socialista, apenas ninguno de estos expertos se había
molestado en mantener relaciones con quienes han ocupado
parcelas de poder. La prueba fue el despiste sobre quienes
serían los nuevos altos cargos. Menos mal que
se fueron filtrando los nombres antes incluso de ser
designados y así el desconocimiento no se tradujo
en incertidumbre. Solbes es un moderado, pero no persigue
los apoyos de contrarios a cualquier precio. Sería
una equivocación pensar lo contrario.
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