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Apuntes liberales
Los otros riesgos del petróleo
Sería un error que el Gobierno aprobará rebajas fiscales para los colectivos más afectados por la subida.
"El Gobierno prepara medidas para reducir el impacto de la subida del petróleo". He leído varias veces este titular en la prensa de la semana y me he echado a temblar, porque lo que a simple vista parece una actitud diligente, oportuna y bienintencionada puede acarrear consecuencias nocivas para todos. El remedio es peor que la enfermedad, se suele decir, y en este caso es verdad. Una subida del crudo tiene un impacto intenso y depresivo sobre los países que más dependen de él, que son todas las economías desarrolladas.

Provoca empobrecimiento, justo el que ocasiona la transferencia adicional de rentas a los productores. Es, en suma, un grave inconveniente. Pero lo que procede en estos casos es adaptarse a las circunstancias, aceptarlas con una mezcla que va desde la resignación, ya que nada podemos hacer a corto plazo para alterar las causas del problema, a la responsabilidad en nuestro comportamiento como inversores o consumidores. Lo que es contraproducente es la intervención pública para eliminar artificialmente el conflicto. Así se hizo durante la primera crisis del petróleo, en la década de los setenta, por parte de los gobiernos de UCD, con resultados catastróficos en términos de inflación y de recesión económica. Como entonces, como siempre que se presenta una coyuntura energética adversa, los agricultores y transportistas han empezado a dirigirse al Gobierno en demanda de rebajas fiscales y otra clase de subvenciones, y es de esperar que pronto amenacen con algunas medidas de fuerza.

El deber del Ejecutivo es el de resistir esta clase de presiones y dejar que la economía se ajuste a la nueva situación de manera natural, evitando cualquier tipo de distorsión en el mercado. Así ocurrirá con la subida de los tipos de interés, que ya está a la vuelta de la esquina, y no hay razones para cambiar de estrategia con motivo del petróleo. El cártel se reúne la próxima semana en Beirut para estudiar un eventual aumento de la oferta, que empuja de manera decidida Arabia Saudí. Pero hay todavía pocas esperanzas de que éste se concrete.

La mayoría de los productores están muy contentos con los nuevos precios, la demanda de las economías asiáticas, particularmente de China y de India, sigue siendo muy alta a pesar de los niveles alcanzados, y todavía no parecen maduras las condiciones para que la OPEP cambie de política. También dicha actitud es una equivocación, pues de mantenerse en el tiempo provocará a largo plazo una caída de la demanda y precios más bajos. Por eso no conviene perder la paciencia.
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