|
|
| PORTADA
> FIRMAS |
 |
 |
|
|
 |
| El fracaso del PEC es un magnífico
tema para iniciar una columna sobre "segunda opinión"
que pretende destacar aspectos poco resaltados en la primera
inspección que los medios efectúan. |
 |
En el caso del Pacto de Estabilidad y Crecimiento
(PEC) la "segunda opinión" se convierte
en la "enésima opinión", pues
pocos asuntos económicos recientes habrán
recibido más atención que éste, y
muy justamente, pues lo merece. Y sin embargo cabe, espero,
una pequeña anotación a la diagnosis generalizada
que se ha llevado a cabo.
Se han resaltado, en primer lugar, los aspectos jurídico-políticos.
Saltarse los procedimientos establecidos por medio de
una votación de un Consejo dominado por el eje
franco-alemán y con la connivencia de la presidencia
de turno (Italia) es algo insólito y un precedente
fatal para la construcción europea que nunca hasta
ahora había aceptado la razón de la fuerza
y que esperemos sea enmendado por el Tribunal de Luxemburgo.
En segundo lugar los académicos han resaltado algunos
aspectos importantes que fueron olvidados en su día
por los políticos: el pacto era obviamente intertemporalmente
inconsistente; no se debería haber fijado sólo
en el déficit sino primordialmente en el gasto,
incluido el gasto implícito en las deudas futuras,
y se debería haber otorgado un tratamiento específico
y matizado a la inversión. En tercer lugar la mayoría
de los titulares han sido menos analíticos y, de
entrada, destacaron que la falta de un acuerdo final estable
haría sufrir al euro y el Banco Central Europeo
vería dificultada su tarea dada la estricta relación
existente entre la política monetaria y la fiscal.
Y sin embargo el euro ha subido a máximos históricos
y Standard and Poor's ha anunciado la revisión
del rating crediticio de la deuda, no de Francia o Alemania,
sino de los países defensores del pacto que fueron
vencidos en la votación del Consejo de la UE ¿Qué
está pasando?
Una segunda opinión sobre la ruptura del pacto
y de sus consecuencias subrayaría varios extremos.
En primer lugar hay que reconocer que nunca ha estado
claro que, cuando ya hay una política monetaria
independiente con objetivos anti-inflacionarios explícitos,
deba existir una política fiscal inflexible y ello
a pesar de la obvia relación entre ambas políticas.
La competencia fiscal no es mala per se. Y esto vale para
un Estado federal como para los estados de una confederación,
para un Estado autonómico como el español
y para una unión de estados como la UE. Y no lo
es porque rebaja la presión fiscal destapando muchas
fuerzas creadoras de riqueza y porque sirve para que cada
país se adapte al momento cíclico que vive.
Por estas razones pienso que habría que resistir
el tratamiento que ha sido recomendado de primeras y que
consiste en la creación de una Agencia Fiscal con
una independencia tan inexpugnable como la de un Banco
Central. Un juego entre estos dos agentes económicos
puede acabar muy lejos del par óptimo de inflación
y crecimiento.
En segundo lugar hay que reconocer que la intención
de Standard and Poor´s no es desacertada. Los mercados
acabarán expresando que, en el futuro (al que responden
los mercados), los países hoy heterodoxos tienen
una mayor oportunidad de liberar las fuerzas creadoras
de riqueza, mediante las muchas reformas estructurales
pendientes, que los hoy ortodoxos que, como España,
han agotado las pocas reformas estructurales que podían
hacer dada la debilidad de sus sistemas de protección
social y de bienestar.
Finalmente el euro. Más allá de los deficits
americanos, los mercados se han dado cuenta de que el
nuevo presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, no va a
desaprovechar la ocasión de ganarse una reputación
todavía no conseguida del todo, a pesar de los
esfuerzos de Win Duissemberg, que se resistió a
bajar tipos. Para ello, y ante la amenaza de la ruptura
de la disciplina fiscal, Trichet tampoco los bajará
aunque debiera. Yo apostaría por ello y compraría
euros porque, además, Trichet se verá ahora
menos presionado dentro del BCE una vez que cada país
ha recuperado la soberanía fiscal, por lo menos
hasta que falle el Tribunal. |
 |
|
|
|