
Lucir la glamurosa cartera de Loewe que los ministros reciben con su nombramiento no parece objeto de deseo suficiente para compensar los quebraderos de cabeza que el cargo conlleva, sobre todo en época de crisis. Los presidentes de las compañías que hemos entrevistado para este reportaje están de acuerdo en esto y en mucho más. Les hemos preguntado qué soluciones, como gestores que son, aportarían ellos para salir de la crisis en España.
Vienen de sectores diversos: la construcción de vivienda protegida, el mercado del lujo, la abogacía, el negocio farmacéutico, internet y la industria en general. Pensamos que a lo mejor estos directivos, sentados todos juntos alrededor de la mesa del Consejo de ministros, con sus blackberrys y sus MBA, podrían aportar alguna idea inspiradora. Al fin y al cabo, gestionan empresas exitosas de las que dependen miles de empleos y millones de euros.
Los elegidos son ejecutivos menores de 45 años, muchos de ellos miembros de YPO, una asociación de élite que reúne a una exclusiva lista de máximos directivos de todo el mundo que se estima maneja el 6% del PIB mundial, y cuyo fin es precisamente “intercambiar ideas y formar mejores líderes”.
Orientación a resultados. La primera conclusión que se extrae después de hablar con ellos es que los empresarios se sienten poco escuchados. Otra, que la gestión pública tiene mucho que aprender del pragmatismo de la privada.
“A los dirigentes políticos les cuesta muchas veces ponerse en la piel del empresario que tiene una inversión. No valoran el tiempo de la misma manera. Deberían tener presente cuántos puestos de trabajo dependen de esa inversión”, dice el profesor Julio Gómez, director del Executive Master en Gestión Pública de la escuela de negocios IE Bussiness School. “En España falta una administración orientada a resultados, igual que lo es la gestión en la empresa privada. No se evalúa el desempeño de los funcionarios ni de los altos cargos de un modo objetivo. A los ministros se les piden responsabilidades políticas, pero no cuentas de su gestión como a los ejecutivos”.
Una declaración desafortunada de un ministro le puede traer más problemas que la falta de resultados en educación, sanidad, industria, etc. Mientras en la empresa los objetivos se miden cada año como máximo, en política el examen final es cada cuatro años, en las elecciones.
Nicolas Sarkozy, el presidente francés, fue pionero en 2008 en aplicar esta cultura de medición de resultados tan típica de la empresa privada a sus ministros y anunció que cada año tendrían que pasar un examen para demostrar que han cumplido. El ministro de Inmigración debía expulsar 25.000 ilegales en un año, la de Cultura obtener una reducción sustancial de la piratería, la de Vivienda llegar a un cupo de residencias sociales... Este tipo de exigencias no es común entre políticos.
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“Hay mucho talento en la sociedad empresarial que, si se aplicara a la gestión pública, podría aportar multitud de soluciones”, dice Javier Cremades, presidente del despacho de abogados Cremades-Calvo Sotelo y fundador del capítulo de Madrid de YPO. “El empresario es menos ideológico y más pragmático y para salir de la crisis necesitamos más praxis que nunca”.
Lea en la revista las recetas de José Luis Rodríguez Zapatero (presidente de Google España); Juan del Yerno (Presidente de IBS); Laura González Molero (Presidenta de Merck); Javier Cremades (Presidente de Cremades y Calvo Sotelo); Carla Bergareche (Directora General de Schroeders); Rafael González Cobo (Presidente de Grupo Ferrocarril) Y María Eugenia Girón (Presidenta de MegamCapital)
“En españa falta una administración orientada a resultados, igual que lo es la gestión en la empresa privada", dice el profesor Julio Gómez
"Hay mucho talento en la sociedad empresarial que, si se aplicara a la gestión pública, podría aportar multitud de soluciones", afirma Javier Cremades