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EL FUTURO DE NUESTROS HIJOS

Febrero 2010- Miguel Ors Villarejo


Me he pasado por el Consejo de la Juventud de España (CJE) para ver si allí me dan el comienzo de este reportaje. Pensaba en una escena inicial dramática: jóvenes angustiados en busca de una oportunidad. Es un poco lo que está en los titulares, no sólo los de aquí. “La generación perdida” (BusinessWeek). “Los chicos del callejón sin salida” (New York Post). “Las esperanzas rotas de una generación española” (Time).

Pero el presidente del CJE, Daniel Lostao, resulta un tipo algo más templado. Tiene un despacho gigantesco y gélido en la calle de la Montera. A veces se pone solemne como un ministro y habla de “generar herramientas para construir políticas públicas de juventud” e “ir a procesos de diálogo estructurado”. Pero, en general, es llano y cordial.

Lostao me explica que el Consejo es una plataforma de organizaciones juveniles creada en 1983 para “vigilar la realidad de la juventud”. Un órgano consultivo, le digo. “Algo más”, repone. “No nos limitamos a reaccionar a las actuaciones oficiales, sino que informamos de las cosas que nos parecen”. Y las cosas que les parecen están regular. He aquí una relación urgente de agravios.

Vivienda. “Está inalcanzable. Para cumplir la regla de que sólo se destine el 30% de los ingresos a la compra de un piso, los jóvenes tendrían que estar ganando 3.200 euros al mes, y eso es absurdo. La media está en 1.189 para los varones y en menos de 1.000 para las mujeres”.

Paro. “En una rueda de prensa nos decía hace poco una periodista que la temporalidad había caído y nos reíamos, porque es verdad, pero no porque a los eventuales los estén haciendo fijos, sino porque los están echando”.

Precariedad. “Nadie dice que no a las becas, lo que no puede ser es que una vez acabada la universidad sigas siendo becario”.

¿Y vivirán peor nuestros hijos? “No lo sé, en todo caso habría que preguntarse si vivimos mejor que nuestros padres”. Bueno, pues eso. “En general… sí”, admite, pero se ve que le ha costado. Y en seguida añade: “Aunque es muy matizable. También ellos debían realizar un gran esfuerzo para comprar un piso, pero era distinto, había menos miedo a volar”.

Y aquí viene la parte de su discurso que más me sorprende. Lostao se queja, por supuesto, de la falta de ayudas (”instrumentos”) para la emancipación, pero no exime de culpa “a los propios ciudadanos”. “A mí no me costó irme de casa”, dice, “y a la gente que se lo propone tampoco le cuesta. Pero si en tu familia no te empujan, al contrario, te atraen… Ahí radica una diferencia entre el sur y el norte de Europa. En España, al hijo que regresa se le acoge con los brazos abiertos”.

En la pared que hay detrás de su mesa tiene colgado un reportaje sobre este tema. Se titula: “Los jóvenes vuelven a casa (¡y acababan de irse!)”. El autor sostiene que la crisis ha devuelto a muchos al hogar paterno. “¿Hay datos?”, pregunto a Lostao. “No”, me dice, “pero quien más quien menos tiene algún amigo al que le ha pasado”.




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VIVIENDA, PARO Y PRECARIEDAD LABORAL, ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES OBSTÁCULOS PARA LOS JÓVENES


eN EL DEBATE SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS JÓVENES HAY MUCHAS AFIRMACIONES TAJANTES Y POCOS DATOS

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