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ministro, esto no es alemania

10/12/09 - Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano

Hace unos días, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, anunció que confiaba en que para enero del 2010 se hubiese podido implantar en España un programa de trabajo reducido similar al existente en Alemania. Esta propuesta ha sido bien recibida tanto por parte de sindicatos como de los empresarios, algo poco común en España, donde las reformas laborales siempre son objeto de enconada discusión.

La razón para esta buena acogida es que existe la sensación generalizada de que las figuras actualmente existentes, como los EREs de reducción de jornada y la posibilidad de compaginar el subsidio de desempleo con un trabajo parcial, no han llenado este hueco normativo en nuestra legislación laboral. Pero, antes de lanzarnos a la celebración colectiva de un nuevo programa público, merece la pena conocer un poco más la experiencia alemana y sentarse a pensar acerca de las ventajas e inconvenientes que un programa como éste acarrea.

La Experiencia de Nuestros Socios Europeos. Los programas de trabajo reducido tienen una larga solera en muchos países europeos. El más antiguo y el más citado en el debate público es el programa alemán, que técnicamente se llama Kurzarbeitergeld o sistema de compensación laboral a corto plazo. Su existencia se remonta hasta 1927 y desde entonces ha ido adaptándose a los tiempos y ha sido empleado en muchas ocasiones, como durante las crisis del petróleo.

La idea del programa es firmar un acuerdo temporal, con un límite máximo de 24 meses, en el que la empresa se compromete a no despedir a sus trabajadores y, a cambio, éstos aceptan reducir su jornada y salario. El gobierno endulza el acuerdo con una indemnización que compensa a los trabajadores por una parte del salario perdido, entre el 60% y el 100% (dependiendo de factores como el número de dependientes o la incorporación a programas de formación profesional).

La idea es que, cuando la economía se ve golpeada por un bache transitorio, las empresas no se vean forzadas a despedir personal cualificado y por tanto difícil de volver a contratar y que los trabajadores mantengan una parte importante de sus ingresos y su vinculación con la empresa.

Tradicionalmente, el programa siempre ha tenido más éxito en sectores industriales como el metal, el automóvil o de maquinaria, muy importantes en la economía alemana. Se ha concentrado en grandes empresas (aunque en esta última recesión se ha extendido su uso entre más pequeñas) y ha cubierto al personal más cualificado.

Aunque se discuten menos, otros países europeos, como Holanda y Suiza, han implantado a lo largo del tiempo programas similares. En Suiza, que se parece mucho a Alemania en su estructura industrial, el programa lleva mucho tiempo en marcha, pero ha sido criticado con fuerza porque las empresas han abusado de los subsidios para efectuar ajustes permanentes de plantilla y no transitorios, que era el deseo original del legislador.

En Holanda, el programa es más nuevo, ya que ha surgido con esta crisis, y se ha intentado centrar en la reducción de horas trabajadas de los trabajadores especializados y en la formación complementaria de éstos. Aunque todavía es pronto para obtener conclusiones, algunos observadores han citado importantes problemas prácticos en su aplicación.

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