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¿cuentas claras o acreedor espeso?

15/10/09 - S. De la Riva

Vuelta a empezar. Tras meses de tregua en los que Afirma, Renta Corporación o Realia han salido airosas de procesos de refinanciación de su deuda, la tensión vuelve a ser la nota dominante en la relación entre bancos e inmobiliarias. La aparente paz se rompió el pasado 11 de septiembre, cuando Nozar presentó el concurso de acreedores con una deuda de 700 millones de euros. Con su patrimonio vendido o hipotecado, no había mucho más donde rascar y los bancos acreedores se negaron a aportar los 70 millones de euros extra que su propietario, Luis Nozaleda, necesitaba para seguir operando.

El frente de Nozar se ha aplazado, pero la crisis no da tregua, y este otoño el enemigo no es precisamente pequeño. Reyal Urbis, Metrovacesa y Colonial, que arrastran créditos sindicados por valor de 12.600 millones, vuelven a quitar el sueño al sector financiero. Y eso que hace apenas un año renegociaron gran parte de su deuda.

¿Qué está ocurriendo? Sencillamente, que la parálisis del mercado les impide cumplir con las condiciones mínimas pactadas hace unos meses. Reyal Urbis no tiene caja ni para pagar los intereses de los 3.000 millones de euros del crédito con el que compró Urbis en 2006. Una situación parecida afronta Metrovacesa, que financió con un préstamo sindicado de 3.200 millones la compra de Gecina. Según revelan fuentes próximas, las entidades que controlan Metrovacesa (BBVA, Santander, Sabadell, Banesto, Popular y Caja Madrid) han aportado 100 millones de euros para pagar intereses. En Colonial, los acreedores exigen nuevas garantías después de que la compañía no lograra vender la promotora de centros comerciales Riofisa, tal y como exigía el acuerdo de refinanciación del crédito sindicado de 6.400 millones alcanzado hace un año.

Encontrar soluciones no es sencillo. El principal choque de intereses que se está produciendo en estos procesos tiene mucho que ver con la nacionalidad de los acreedores. Los bancos extranjeros tienen ya provisionado su riesgo inmobiliario y quieren cobrar cuanto antes. Por eso sus demandas se dirigen a la venta de activos, un trámite que no gusta a la banca nacional, que aún debe reconocer las pérdidas reales de su exposición inmobiliaria en un mercado a la baja.Le interesa, por tanto, que todo se quede como está.

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la parálisis del mercado está impidiendo a las inmobiliarias cumplir con las condiciones mínimas pactadas en los procesos de refinanciación de hace un año


Los acreedores extranjeros quieren cobrar e irse. Los nacionales aún deben reconocer sus pérdidas y les interesa que todo se quede como está

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