
El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el IRPF, suena de todo menos atractivo. Se trata de un tributo bastante farragoso, a pesar de los intentos por simplificarlo. Cuenta con cuatro tramos diferentes, deducciones y desgravaciones varias, los mínimos personal y familiar, una tarifa estatal y otra autonómica… Vaya, un lío. Los expertos en comunicación política saben que esto ni vende ni se entiende. Por eso, desde el Gobierno se prefiere lanzar un mensaje más efectista: el IRPF, el más directo y que incide sobre los sueldos, no se modificará, y la subida de impuestos irá destinada exclusivamente a las rentas altas. Pero detrás de estos fuegos de artificio, los expertos alertan de que el encarecimiento de la factura tributaria puede ser silencioso y generalizado.
Tras su complejidad, el IRPF puede sufrir cambios poco llamativos, pero muy eficientes. Es decir, que no es necesario ni cambiar los tramos o las tarifas, que pueden ser los elementos más visibles, para conseguir que los contribuyentes paguen más. El Gobierno ya ha reconocido que la elevación del conjunto del paquete fiscal supondrá unos 15.000 millones de euros.
Un reciente estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) pone números a los distintos escenarios que se pueden producir tras la reforma fiscal, que verá la luz esta misma semana en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado. A continuación se detalla cómo pueden impactar esos cambios en los bolsillos de los españoles.
El efecto de la inflación. Funcas analiza cómo en los últimos años la subida de los precios ha disparado las cargas fiscales. Concretamente, entre 2004 y 2008 ha provocado un aumento soterrado de la factura fiscal del IRPF por importe de 6.748,5 millones de euros. Sólo en 2008, los contribuyentes soportaron un exceso de carga impositiva de 1.161,4 millones de euros por esta variable. ¿Cómo actúa?
La inflación afecta al conjunto de los contribuyentes y puede provocar un salto en el tramo y en los mínimos personales y familiares, y, por eso, privar al contribuyente de determinadas deducciones y desgravaciones. Por ejemplo, las madres trabajadoras se beneficiaron tanto en 2004 como en los años siguientes de una deducción de 1.200 euros anuales. Sin embargo, como no se ajustó correctamente a la inflación, perdieron 237,5 euros en ese periodo.
Para evitar estos efectos perversos se pueden aprobar compensaciones. El problema ha sido que en el periodo descrito la indexación ha sido parcial (por ejemplo, en 2008 la inflación ha sido del 4,1% y sólo se ha deflactado un 2%).
En 2010, los precios volverán a subir las cargas fiscales, dado que el IPC previsto es del 1,6% y para ese ejercicio no se espera ninguna compensación. “Si no se corrige el impacto de la inflación, los contribuyentes pagan más y sin enterarse”, concluye Desiderio Romero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y autor del citado informe.
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los Presupuestos generales del estado llegan con subidas fiscales para salvar las cuentas de 2010
Un informe de funcas cifra el impacto de Los retoques: la nula correciÓn de la inflaciÓn, la eliminaciÓn de la deducciÓn de 400 euros, el alza impositiva a las rentas altas...