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¿La economÍa no es para el verano?

Agosto de 2009 - Beatriz Amigot/ Manuel de la Cruz

“Una empresa es como una bicicleta. O te mueves o te caes”. Esta frase, del químico John D. Wright, refleja en parte lo que le ocurre a la economía durante los meses de verano. Los hombres de negocios, los inversores y los gobernantes también se van de vacaciones y el ritmo de pedaleo, aunque no cesa, disminuye. El resultado: la actividad se frena y los problemas, antes camuflados por una velocidad de vértigo, emergen provocando peligrosas caídas.

De hecho, a lo largo de la historia en estos meses se han registrado numerosas crisis y pánicos financieros. Si se hace un repaso a los últimos 40 años, de 17 acontecimientos importantes para el devenir de la economía, 13 de ellos se produjeron durante el verano.

Hitos. El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon anunció al mundo que, a partir de ese día, EEUU no seguiría cumpliendo  las obligaciones contraídas en el Tratado de Bretton Woods. El presidente norteamericano suspendía la convertibilidad del dólar en oro y comenzaba una nueva etapa para la política monetaria a nivel internacional. Un año después, en junio, se destapaba el Watergate. Un escándalo político que llevó a Nixon a dimitir en agosto de 1974.
Ya en la siguiente década, en agosto de 1982, estalló una gran crisis económica en América Latina. Empezó en México, Argentina y Brasil; se extendió al resto del continente y acabó tambaleando el sistema bancario internacional. El detonante fue la incapacidad de la región para hacer frente a su desorbitada deuda externa, que superaba los 275.00 millones de dólares.

En los años noventa los veranos fueron especialmente movidos. Este periodo _comenzó con la invasión de Kuwait _por parte de los iraquíes en agosto de 1990, desembocando en la Guerra del Golfo. Estos acontecimientos tuvieron su efecto económico. El índice bursátil Ibex 35 cayó un 31,4% en los dos meses y medio siguientes (ver gráfico a pie de página). Justo un año después los mercados volvían a tambalearse con el intento de golpe de estado en la Unión Soviética contra el entonces presidente Mijail Gorbachov.

En la antesala de la época estival, a principios de junio de 1992, los daneses votaron no al Tratado de Maastricht. Se inició una fase complicada en la que el sistema monetario europeo se puso en entredicho (la libra y la lira se salieron del sistema y la peseta se devaluó).

Cinco años después, Tailandia, ante la caída de sus reservas, se vio obligada a devaluar su moneda (el bath) el 2 de julio. El efecto dominó extendió la crisis al resto del sudeste asiático y del mundo.

En 1998, las vacaciones tampoco se libraron de los sobresaltos. Por un lado, el 17 de agosto se desencadenó la crisis financiera rusa. Por otro, ya en septiembre, Long Term Capital Management (LTCM), el hedge fund más importante de la década, entraba en colapso. En cuatro meses había perdido más de 4.500 millones de dólares y estuvo a punto de provocar un gran terremoto financiero. A finales de septiembre, la Fed lo rescató con una inyección de capital de 3.600 millones de dólares.

El ataque a las Torres Gemelas tuvo lugar en las postrimerías de un verano, concretamente el 11 de septiembre de 2001. El terrible atentado obligó a suspender la contratación en Wall Street, que cerró sus puertas durante casi una semana. Fue un duro golpe al sistema financiero mundial.
La actual crisis financiera ha tenido dos momentos críticos coincidiendo con el periodo de mayores temperaturas. En agosto de 2007 saltó a los periódicos la crisis de las hipotecas subprime (de alto riesgo), que arrancó oficialmente el 18 de julio con los problemas sufridos por dos fondos del banco americano Bear Stearns. En septiembre del año pasado, la quiebra de otro banco de inversión, en este caso Lehman Brothers, puso en jaque a todo el sistema financiero internacional, que ante la falta de confianza restringió el crédito hasta niveles desconocidos y asfixiantes para el mundo corporativo. Al igual que en el caso anterior, los problemas se arrastraban de mucho atrás.

Demasiados acontecimientos para un periodo destinado, en principio, al dolce far niente. ¿Casualidad o causalidad? Los expertos coinciden en que la época estival no es la causa de los problemas económicos o las incertidumbres bursátiles, sino que más bien la peculiaridad de estos meses permite que emerjan con más facilidad.

Además, como defiende Juan Velarde, profesor emérito de la Universidad Complutense, “las crisis no entienden de estaciones y se pueden producir en primavera, verano o en otoño”. Precisamente en otoño, y curiosamente sobre todo en octubre, han tenido lugar grandes cataclismos económicos, como el crack del 29, la primera crisis del petróleo del 73 o el crash del 87. Sin obviar estos acontecimientos, ¿cómo se explica la concentración de hitos político-financieros en los meses estivales?


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Numerosas crisis se han producido durante los meses
de vacaciones. ¿fatal coincidencia o cruda realidad? ¿habrÁ alguna sorpresa
este aÑo?


este aÑo la peor pesadilla de los analistas sería que
se produjese una fuerte caída de las bolsas, que llevan
subiendo desde el pasado marzo

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