
Los medios de comunicación se han acostumbrado a proclamar como histórico uno de cada dos discursos del presidente estadounidense Barack Obama, pero lo cierto es que en los libros sólo quedan pocas frases de los ex inquilinos de la Casa Blanca, y no todas son afortunadas. De John Fitzgerald Kennedy, por ejemplo, el “Yo también soy berlinés”; a Bush hijo es probable que se le recuerde por el “Misión cumplida” que pronunció a bordo del portaaviones Abraham Lincoln, cuando el 1 de mayo de 2003 dio por ganada la segunda guerra de Irak. ¿Y Ronald Reagan, el último gran icono del Partido Republicano?
Hay que situarse en el 12 de junio de 1987, en Berlín Occidental, cuando Reagan, de espaldas a la Puerta de Brandenburgo, dijo una frase que supuso el pistoletazo de salida al fin de la Guerra Fría: “Señor Gorbachov, tire este muro”. Una idea poderosa, expresada en términos simples y de un modo dramático que “reafirmaba el anticomunismo en el que Reagan había basado su carrera, pero al mismo tiempo comenzaba a considerar la idea de que, con Gorbachov, el sistema soviético podría estar cambiando”, como escribe James Mann en La rebelión de Ronald Reagan. Una historia del final de la Guerra Fría.
Más de 20 años después, pedir el fin del Muro no suena revolucionario, pero en la época lo era. Con su famosa frase, Reagan se enfrentaba a los consejos de sus asesores en política exterior, al Departamento de Estado y al ala dura del Partido Republicano, además de rechazar un lugar común muy asentado en Estados Unidos: la Guerra Fría no se podía ganar, era un statu quo inalterable y el Muro un incordio sin demasiada importancia, que, de hecho, había desaparecido de la retórica de los presidentes de Estados Unidos precisamente desde el discurso de Kennedy, en 1963.
Más aún, la clarísima exhortación de Reagan ponía en peligro al aperturista presidente de la URSS frente a la oposición interna: ¿qué osadía era ésa de que la Casa Blanca dijese a la URSS lo que tenía que hacer? Todo jugaba en contra de Reagan, que confió, casi de manera exclusiva, en su intuición. Y ganó: poco más de dos años después de ese discurso, el Muro cayó como una hoja de papel. El capitalismo había ganado la Guerra Fría.
Por eso, el conservador Reagan era un rebelde. Por eso, Mann, ex periodista de Los Angeles Times y autor del libro Rise Of The Vulcans, sobre los políticos republicanos que inspiraron y dirigieron la segunda guerra en Irak, ha titulado su ensayo sobre el papel del cuadrágesimo presidente de Estados Unidos en el final de la Guerra Fría La rebelión de Ronald Reagan. Su libro, documentado, entretenido y ecuánime, se centra en el periodo 1985-1988, los tres años en los que Reagan y Gorbachov eran los hombres más poderosos del mundo. Y desentraña el papel de ambos en aquellos momentos, con las ideas muy claras: más allá de lo que hoy puedan decir los hagiógrafos del político californiano, “Reagan no ganó la Guerra Fría; Gorbachov la abandonó. Al reconocer la importancia de Gorbachov, cuando otros muchos en Estados Unidos no lo hicieron, Reagan ayudó a crear un clima en el que la Guerra Fría podía terminar”.
Lea el artículo completo en la revista...