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240 horas de agonÍA

Agosto de 2009 - Rubén Nicolás

¿Se puede desmoronar una institución financiera con 85 años de historia en sólo diez días? Sí, puede. House of cards (Castillo de naipes, en inglés) cuenta el auge y la caída del banco de inversión Bearn Stearns.

Castillo de naipes sigue la vía abierta por otras obras que cuentan la intrahistoria de la América corporativa, como La conspiración de los idiotas, donde se narraba el desfalco de la empresa energética Enron, y el clásico Barbarians at the gate (Nabisco, la caída de un imperio), publicado en 1989, que narra la adquisición del gigante de la alimentación RJR Nabisco por la firma de capital riesgo KKR. El autor de Castillo de naipes, William D. Cohan era un banquero de inversión, profesión que ejerció durante 16 años, que se convirtió en un periodista de investigación. Es un colaborador habitual de Financial Times y Fortune, y fue autor de Los últimos magnates, premiado por el diario económico británico como mejor libro financiero de 2007.

En esta ocasión, la obra cuenta los diez días de agonía de Bear Stearns desde el 7 al 17 de marzo de 2008, y cómo había llegado hasta ese punto. La tesis principal es que el banco de inversión construyó un castillo de naipes sobre una base de cartas de baja calidad.

¿Y cuáles eran esas cartas? Las hoy mundialmente conocidas subprime, hipotecas concedidas a personas con un alto riesgo de impago. Los bancos de inversión, entre ellos Bear Stearns, encontraron en este producto una vía para minimizar el riesgo, liberar recursos y seguir prestando dinero. Concedían la hipoteca al cliente, luego contrataban un seguro de impago por esa hipoteca y lo devolvían al mercado como un producto de alta rentabilidad. Y vuelta a empezar. El problema fue cuando esos propietarios no pudieron pagar. En 2007, Kyle Bass, uno de los gestores de hegde funds más reconocidos, dijo ante el Congreso estadounidense que “está meridianamente claro cada mes que pasa que los créditos subprime se han convertido en la vaca loca de la estructura financiera. Nadie sabe quién ha consumido el producto”.

El cascabel estaba puesto y el remedio claro: “Si tienes toda esa basura en tus balances, debes recortar el dividendo, reducir tus inversiones en renta variable y limpiar tus cuentas”, argumenta un gestor de fondos. ¿Y qué hicieron los bancos de inversión estadounidenses? Se endeudaron más. Por ejemplo, Lehman Brothers pasó de un apalancamiento de 25 veces a 35 en sólo un año. Los pilares del castillo eran malos y los gestores se dedicaban a poner más cartas en la cima.

Como recuerda el libro, “la confianza es vital en los mercados”. Con la mecha encendida, los rumores estallaron tras los primeros signos de impago. A pesar de que los números indicaban que la gran mayoría de estos créditos seguían pagándose, nadie se fiaba de nadie. Los préstamos interbancarios empezaron a restringirse. La desconfianza se asentó y derivó en una subida de márgenes, lo que provocó un drenaje de la liquidez en el sistema. Otra carta menos en la base del castillo.

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