
Aunque parezca difícil de creer, cuesta encontrar la central nuclear de Santa María de Garoña. La planta está rodeada de árboles frondosos que impiden a un visitante despistado darse cuenta de su presencia. Para acceder a la planta, hay que cruzar un puente, custodiado por dos parejas de la Guardia Civil, hasta llegar a una verja de metal, floreada con alambre de espino y un puñado de guardias de seguridad privada armados con pistolas. Tras la verja, se encuentra Garoña, la central atómica más antigua de España, con 38 años de funcionamiento, y la primera que cerrará el Gobierno sin el aval del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).
Dentro de cuatro años, el paraje cambiará irreversiblemente para los 780 empleados de la central, los 1.200 habitantes del Valle de Tobalina y los 45.000 personas que habitan la zona. “El cierre supone un varapalo para la economía no sólo del valle, sino de toda la región”, dice Fernando Escobillas, presidente de la Cámara de Comercio de Miranda de Ebro, el centro urbano, y también industrial, más cercano a la planta.
Nuclenor, empresa propietaria de la planta y compuesta por Iberdrola y Endesa, es un oasis de empleo en el desierto en que se está convirtiendo la zona. A los 780 empleos directos, hay que sumar unos 400 indirectos, lo que suma más de un millar. Y la noticia de la clausura no ha venido en el mejor momento. En Miranda del Ebro, el núcleo industrial más cercano, tres de las mayores empresas de la zona están inmersas en procesos de despidos. En el último año, más de 1.000 personas de la ciudad se han ido a la calle, un 58% más que en el mismo periodo del año anterior.
Cuando uno habla con los empleados de la central, se encuentra con pequeños dramas que dibujan un panorama de rabia e impotencia. Rabia porque muchos tendrán que abandonar el valle ante la ausencia de oportunidades y de puestos tan bien remunerados y cualificados.
Impotencia porque todos los entrevistados califican la decisión del cierre de arbitraria y sacan a colación el informe del CSN, el organismo que vela por el buen funcionamiento de las plantas en España, que defendió la posibilidad de prorrogar la vida de Garoña diez años, frente a los cuatro que definitivamente ha decretado el Gobierno. “Lo que no podemos los trabajadores es estar a expensas de que un político decida nuestro futuro”, se lamenta Alberto César González, el presidente del Comité de Empresa. El Partido Popular ha anunciado que no cerrará la planta si accede al poder en las elecciones generales de 2012, un año antes de la clausura.
Cambio de residencia. Luis Gómez, de 31 años e hijo de empleado, es uno de los 70 trabajadores que han entrado en los últimos años. “Entré hace seis en la sección de mantenimiento. En 2006 surgió la posibilidad de una promoción interna para ser operador de turbina. Solicité la plaza y la planta me pagó los estudios (valorados en cerca de 150.000 euros) durante los dos años que me estuve preparando.
En enero del año pasado, aprobé y gano un sueldo cercano a los 68.000 euros netos al año”, comenta. Suya fue la iniciativa de enviar una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para solicitarle apoyo en el caso de Garoña. Estados Unidos ha prorrogado el funcionamiento de centrales idénticas, en tecnología y edad, 20 años más. A pesar de todo, se muestra optimista. Eso sí, lejos de su tierra. “Me iré a la central de Cofrentes (Valencia) o Vandellós (Tarragona), que necesitarán gente”, comenta.
Hay para quien el cierre es más una cuestión de orgullo. Es el caso de Benito Ortiz, de 62 años, que entró en la planta en 1970. Antes de la clausura, Ortiz se jubilará, pero eso no quita para que se solidarice con los compañeros. “Las opciones son muy pocas, la industria turística está poco desarrollada y no hay ninguna empresa que sea capaz de absorber a tanta gente”, comenta.
A otros la situación les complica más la vida. En especial a los subcontratados, que carecen de los acuerdos de los empleados de la central. Los que conocen la situación afirman que “la gente de Nuclenor es la que menos tiene que preocuparse: o los prejubilarán o tienen un acuerdo con Iberdrola o Endesa para un traslado”.
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En la central nuclear, la mÁs antigua de espaÑa, trabajan 780 personas directamente y crea otros 300 empleos de forma indirecta