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despida las malas formas

18/06/09 - Marta García Aller

Es un alto directivo. Lleva 20 años trabajando para una de las compañías punteras españolas y se dirige a un hotel de la capital, como tantas otras veces, para mantener una reunión informal con su jefe. O eso, al menos, es lo que cree. Cuando llega, su jefe no está. Hay un subalterno encargado de decirle que está despedido y que no se moleste en volver a recoger sus cosas, que ya se las harán llegar a su casa.

Basada, como los telefilmes de después de comer, en hechos reales, esta historia no es un caso aislado. Escarbando un poco salen a la superficie más ejemplos de despidos recientes que ponen los pelos de punta: no hace mucho una compañía farmacéutica envió a su director general a Barcelona para una reunión que no era tal, mientras un par de personas llegadas de EEUU se encargaban de despedir a toda su cúpula directiva en Madrid. Casi se cruzaron en el aeropuerto. Al llegar a Barcelona, él también fue despedido. A bocajarro y por la espalda.

“Esto pasa en compañías grandes y conocidas, que presumen de buena reputación”, explica Javier Martín de la Fuente, consejero delegado de la consultora Persona. “Pero estas malas prácticas dañan mucho la imagen de una empresa, porque la información circula rápidamente y luego todo se sabe. Igual que cuando llega un ejecutivo nuevo a la compañía se cuida su bienvenida, hay que pensar en que su salida también es parte de la reputación corporativa”.

La reciente época de bonanza hace que muchos directivos no tengan experiencia en despedir apropiadamente. No han tenido que hacerlo hasta ahora. O, al menos, no tan a menudo. Si a esto le sumamos una atmósfera de tensión y cierta dosis de carácter latino, muy dado a improvisar en la comunicación, lo más posible es que la hora de la verdad sea un desastre. Y en muchos casos lo es.

Conscientes de ello, cada vez más empresas están contratando a consultoras especializadas para enseñarles a despedir como Dios manda, así como para ofrecer ayudar en la recolocación de los despedidos. Es el llamado newplacement o outplacement.

Lo primero que hacen estas empresas es ayudar a determinar quién va a la calle. Lo segundo, dejar claro a los jefes que nada de usar expresiones como ir a la calle o despedir. Crea mal ambiente. Hay que hablar de desvinculación. Un eufemismo que reduce el miedo. El tercer paso que ofrecen estas consultoras es orientación laboral a los desvinculados.

El coste de este servicio, dicen los expertos, puede oscilar entre el 1% y el 5% de lo que cuesta un despido. Un porcentaje muy pequeño por tener la conciencia tranquila que puede cambiarle la vida al ex empleado y limar el mal sabor de boca.

¿Cómo se lo digo? Hay muchos detalles que pueden hacer un despido más llevadero. Por ejemplo, pese a lo que habitúalmente aconsejan muchos departamentos de Recursos Humanos, no debe despedirse en viernes, sino en lunes (para que la persona no se sienta sola y pueda buscar ayuda). Nunca delante de los compañeros, sino en el despacho del jefe que lo comunica. Éste debe hablar claro, ir al grano y ser objetivo. Nunca entrar en lo personal, pero tampoco disculparse. Empatizar, pero no demasiado.
Más o menos así es como sería un despido elegante. Perdón, una desvinculación. En empresas como Advantage Consultores adiestran a los directivos a hacerlo del modo más profesional. Hasta preparan roleplays con las posibles reacciones de los empleados para que al jefe le pille entrenado. Según su directora, Sylvia Taudien, “hay cuatro reacciones tipo:incrédulos en estado de shock; hostiles que no lo aceptan; con normalidad si ya se lo esperan, o aparentemente indolentes pero con reacciones retardadas. Éstos que actúan con pasotismo son los que no sabes qué pueden llegar a hacer. Cada reacción requiere un modo distinto de actuar y es importante estar preparado”.

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"Igual que cuando llega un ejecutivo nuevo a la compañía se cuida su bienvenida, hay que pensar en que su salida también es parte de la reputaciÓn corporativa”, explica un experto.


hay consultoras especializadas en enseÑar a despedir y ofrecer ayuda a los despedidos con el outplacement

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