
La democracia es el mejor de los sistemas posibles, pero lo que tenemos aquí tampoco está mal”. Lo dijo Woody Allen refiriéndose a EEUU, pero bien podría servir para la Unión Europea. La única diferencia es que aquí no sentimos ningún orgullo por nuestro sistema. El clima abstencionista que impregna las elecciones a la Eurocámara hace inevitable que surjan interrogantes sobre el modelo comunitario.
El último Eurobarómetro preveía que menos de la mitad de los 375 millones de europeos convocados votaría para elegir a sus representantes en el Parlamento Europeo, el único organismo comunitario elegido por sufragio universal. Son por tanto mayoría los ciudadanos a los que no parece importarles quién ocupe los asientos de la institución que decide el 70% de las leyes que rigen sus vidas.
¿Está en crisis la legitimidad de la institución comunitaria? “El Parlamento Europeo sigue siendo la Cámara más importante en Europa”, afirma Francisco Aldecoa, decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. “Es la conciencia de los europeos incluso en los temas en los que no tiene competencias. Los ciudadanos la perciben como una institución importante, pero se da la paradoja de que cuanto más poder, menos votantes congrega. Pero eso no le quita legitimidad”.
El Parlamento Europeo sigue siendo la institución que mejor imagen tiene entre los ciudadanos, pero su caché se va deteriorando. Según el último Eurobarómetro, la confianza en la Eurocámara había caído del 51% al 45%, en la Comisión Europea del 47% al 42% y en el Banco Central Europeo del 48% al 39%. No hay duda de que el descrédito le debe mucho a la crisis económica. Pero también es un problema de fondo. Gran parte de la opinión pública europea se pregunta para qué sirve votar.
Si tenemos en cuenta que el Parlamento comparte con el Consejo de Ministros el poder legislativo de los Veintisiete, la respuesta es que sirve para mucho: tiene voz y voto, por ejemplo, en todo lo relativo a la política medioambiental, transporte, consumo, mercado interior, energía, etc. En cambio, no tiene poder directo en temas fiscales, competencia, relaciones exteriores, justicia e interior. De todos modos, en estas materias puede aprobar informes “de iniciativa” con un valor moral.
Si tanta relevancia tiene el Parlamento Europeo, ¿por qué motiva tan poco a sus votantes? Las causas son múltiples, como son siempre los malentendidos que conducen a las tragedias. Para empezar, las competencias de las instituciones europeas no están claras para los ciudadanos. Lo único que al final les queda claro a todos es que están a miles de kilómetros.
Pero no es la distancia a Estrasburgo la clave del desarraigo. Influye más la falta de líderes carismáticos, de partidos políticos con candidatos europeos en vez de por Estados y una campaña electoral que integre verdaderamente el continente. Ni siquiera se ponen de acuerdo en los días de votaciones en los Estados miembros (Reino Unido y Holanda votaron el jueves 4, Irlanda el viernes y los 24 restantes entre el sábado y el domingo, aunque algunos, como Italia, votaban dos días). “Falta una ley electoral uniforme y, lo que es más importante, una opinión pública europea”, dice Aldecoa.
Detrás del desencanto hacia la Eurocámara está también la costumbre de los políticos nacionales de cargarle el muerto a la UE cuando algo les sale mal en casa. Y eso hace mella en el imaginario colectivo. La eurocrítica vende bien. La prueba es que también la prensa, sobre todo la británica, carga a menudo las tintas contra Bruselas, aunque para ello tenga que inventarse las noticias. Basta con teclear Euromyths en Google para encontrar una página de la Comisión Europea que documenta bulos mediáticos que usan el nombre de la UE en vano.
Ya sea para afirmar que ésta prohíbe a los carniceros dar huesos a los perros (divulgada nada menos que por BBC News Online), comer pasteles en los concursos gastronómicos (Timesonline.co.uk) e incluso vender televisiones de plasma por su consumo de CO2 (Daily Mail). Nada de esto es cierto. Pero sí lo es que alimenta el descrédito de las instituciones europeas.
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¿estÁ en crisis el parlamento europeo? la Única instituciÓn de la ue con sufragio universal no motiva a su electorado, pero gana poder
el 70% de la lesgislaciÓn que rige nuestras vidas pasa por el parlamento europeo
Como en campaÑa no ha quedado claro quÉ piensan hacer los nuevos eurodiputados, En la pÁgina web www.votewatch.eu se detallan las iniciativas parlamentarias de cada uno, sus votaciones y asistencia a los plenos