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ladrillazo a la deducciÓn

21/05/09 - María García Mayo

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho”, dice el Artículo 47 de la Constitución Española. Hasta aquí, todos de acuerdo.

Pero, ¿disfrutar significa tener en propiedad? El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero parece haberse hecho esa misma pregunta los días anteriores al debate sobre el Estado de la Nación. Con su propuesta ante el pleno del Congreso, que aún debe superar el Consejo de Ministros y los trámites parlamentarios, el Gobierno quiere poner fin a las deducciones del IRPF por compra de vivienda a partir del 1 de enero de 2011 para rentas superiores a 24.000 euros (se podría elevar hasta los 30.000 euros).

Ahora, el porcentaje de contribuyentes con hipoteca que no alcanza esa renta es del 63% del total. El objetivo principal es amortiguar la contracción de un mercado en caída libre y, más tarde, redimensionarlo. “Se podrá reactivar durante los próximos meses para liberar el parque inmobiliario de pisos vacíos, sin vender o alquilar”, dijo el presidente ante el hemiciclo.

Zapatero no es el primer miembro del Gobierno socialista que habla de eliminar las bonificaciones fiscales a la adquisición de vivienda. Ya en 2004, los principales responsables de la política económica de Moncloa, Pedro Solbes y Miguel Sebastián, debatían cómo suavizar estas deducciones. También el popular Rodrigo Rato, entonces director gerente del Fondo Monetario Internacional, se mostraba favorable a acabar con ellas. Finalmente, se dio carpetazo a la polémica al año siguiente, en pleno boom inmobiliario.

A nadie le sorprendió: sentenciar un incentivo de este tipo, que supone un desahogo para las rentas medias (unos 850 euros al año) y cuenta con 30 años de vida, es extremadamente antipopular. Tradicionalmente, las ideologías más conservadoras vinculan propiedad privada con paz y compromiso social, mientras que en la izquierda no tener piso se considera un signo de exclusión inadmisible. Por ambos motivos, el fomento de la propiedad privada ha sido uno de los principios transversales que han figurado en los programas de todos los partidos.

Asimismo, los gobernantes han incentivado las compras como una de las mejores herramientas para incrementar el ahorro de las familias, ya que durante varias décadas no han existido otros vehículos alternativos que fueran accesibles a la mayoría de la población. Así que, desde el franquismo (cuando el 50% del parque inmobiliario era en alquiler), firmar una escritura de propiedad ha sido sinónimo de prosperidad.

Lea el reportaje completo en la revista.

las desgravaciones a la compra de vivienda tienen fecha de caducidad: 2011. Se acaba asÍ con dÉcadas de incentivos a la propiedad


corredor augura que, a corto plazo, la medida conllevarÁ una “importante” movilizaciÓn del stock de viviendas vacÍas

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