
“Elegí un mal día para dejar de fumar”, afirma encendiéndose un pitillo el controlador aéreo de la película Aterriza como puedas cuando desde la torre descubren que el avión vuela a la deriva. Con las cuentas públicas en picado, el Gobierno podría plantearse que muchos españoles han elegido un mal año para quitarse del vicio. Y no porque hay a quien una calada a tiempo le aplaca la ansiedad de la crisis, sino por lo que los ex fumadores dejarán de contribuir a una hucha pública menguante.
La posibilidad de que el Gobierno suba los impuestos especiales del tabaco suena cada vez más alto. Es mucho el dinero que se juega en ello el Estado, que el año pasado recaudó 9.007 millones de euros por los impuestos del tabaco (un 4% más que el año anterior). Pero este ejercicio el aumento del paro y la incertidumbre económica están teniendo más efecto disuasorio que los parches de nicotina: las ventas de cigarrillos han caído un 10% entre en enero y marzo respecto al primer trimestre de 2008, quedándose en 930,9 millones de cajetillas.
Y, claro, si el consumo se apaga, la recaudación del Estado también. Los ingresos por impuestos del tabaco hasta marzo fueron 1.588 millones de euros, un 4% menos que en 2008, según el Comisionado del Mercado de Tabacos.
Desde el Ministerio de Economía y Hacienda de Elena Salgado nadie se atreve a confirmar todavía, pese a los rumores, que se esté preparando una subida fiscal de los impuestos especiales que afectaría al tabaco y puede que también a los hidrocarburos y el alcohol. Pero tampoco lo desmienten. Viendo cómo ha mermado este trimestre su recaudación y la falta que le hacen nuevos ingresos, las tabaqueras ya han puesto sus barbas a remojar, por si acaso les salpica.
“No descartamos que el Gobierno suba impuestos”, dice Jean Jacques Walvrens, director general para Iberia de la multinacional tabaquera British American Tobacco (BAT). “En tiempos de crisis los gobiernos necesitan más dinero. Pero si van a subir los impuestos sobre el tabaco esperamos que lo hagan de manera gradual. Sería un error una subida brusca, porque podría tener un efecto negativo en la recaudación que buscan. En Francia e Inglaterra, por ejemplo, cuando se subieron de golpe los impuestos, el Estado recaudó un 25% menos”.
Según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), subir los impuestos del tabaco es la medida aislada más eficaz para reducir el consumo. Calculan que por cada 10% de incremento se reduce el consumo en un 4% en los adultos y hasta un 10% en los menores.
La última propuesta del CNPT a Salgado es muy concreta. A la ministra de Economía, otrora abanderada de la Ley Antitabaco cuando estaba a cargo de Sanidad, le piden que incremente en los próximos meses el impuesto especial hasta los 76,6 euros por mil cigarrillos, lo que supondría 6,6 euros más. De hacerlo así, calculan ellos, el consumo se reduciría en 115 millones de cajetillas en doce meses (de las 4.500 anuales actualmente), es decir, un 2,55%.
Sin embargo, algunos expertos discrepan: “Para subir los impuestos al tabaco, el Gobierno disfrazará la medida de sanitaria como si la motivara reducir el tabaquismo”, afirma la economista Rocío Albert, profesora de la Universidad Complutense de Madrid. “Pero lo que realmente impulsa una medida como ésta es, sin duda, el afán recaudatorio del Estado. Subir impuestos es siempre impopular, pero hacerlo con el tabaco no daña tanto la imagen del Ejecutivo porque tiene la coartada sanitaria y puede incluir otras subidas en el lote. Subir los impuestos no disminuye en realidad el consumo, porque el tabaco tiene una demanda muy inelástica. De subirlos, el Gobierno sólo conseguiría lo que realmente busca: aumentar los ingresos”.
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flexibilidad es la palabra clave para salir airoso de la metamorfosis del mercado
“la gente no estÁ dejando de
fumar por la ley antitabaco
ni porque suban los
impuestos, sino por la crisis”,
afirma la economista rocÍo albert