
Antes los realities filmaban a jóvenes encerrados en una casa, adiestraban a niñas aspirantes a modelos, ponían famosos a bailar o los soltaban en una isla. La cadena estadounidense Fox está a punto de estrenar un nuevo programa de telerrealidad que retransmite ajustes de plantilla en riguroso directo. El jefe informa de cuánto cobran y rinden sus empleados y luego son éstos quienes deciden a quién hay que despedir para reducir costes. Someone’s gotta go (Alguien tiene que irse) es el título de esta nueva joya televisiva. Pero no hace falta poner la tele para enterarse de cómo se vive la crisis dentro de una empresa; últimamente basta con mirarse al espejo. Los protagonistas que inspiran la ficción están por todas partes.
Todo han sido transformaciones en los últimos meses para los ejecutivos: aumentan las presiones, se ajustan los salarios y cambian las responsabilidades e incluso el estado de ánimo.
Para sobrevivir, hay que adaptarse a semejante metamorfosis del mercado laboral. ¿Pero cómo? Flexibilidad es la palabra clave que repiten los expertos para renovarse a tiempo.
“La crisis está afectando al bolsillo, pero también a la cabeza”, afirma Alejandro Gortari, socio de la firma de cazatalentos ZavalaGortari. “Ejecutivos y empresas están cambiando radicalmente su mentalidad. Son cambios de todo tipo. Afectan desde a las relaciones con los clientes a los sistemas de pago. No se puede ser rígido en esta situación. Hay que negociar más que nunca en busca del punto de encuentro”.
Una importante multinacional del sector de distribución ha enviado a todos sus proveedores una carta en la que explica que “por razones de mercado” a partir de este mes pagará a 150 días. Hace un par de años era inimaginable que una gran empresa tomara una medida semejante y menos que los afectados la aceptaran sin rechistar. Pero a la crisis, además de imaginación, hay que echarle mano izquierda.
Esa flexibilidad con la que ahora hay que cargar a todas partes como si fuera la Blackberry puede llevarle a uno muy lejos. Y no sólo en sentido figurado. Cada vez más ejecutivos declaran estar dispuestos a cambiar su residencia por razones laborales.
Hasta ahora separarse del clima mediterráneo y la tortilla de patata había sido un problema para los españoles, menos proclives a la movilidad laboral que otros países del entorno. Pero ver cerrarse tantas puertas laborales está animando a muchos a abrir sus miras geográficas.
Según la consultora de Recursos Humanos Catenon, en 2008 sólo uno de cada tres ejecutivos estaba dispuesto a hacer las maletas, y exigía para ello un aumento salarial de al menos el 30%, así como el retorno antes de tres años. El panorama ha cambiado ahora. La estimación de los que aceptarían una mudanza supera ya los dos tercios, y sin apenas condiciones. Les basta con conservar el puesto.
“Ejecutivos que antes me pedían que les buscara algo ponían a menudo la condición de no tener que cambiar de domicilio”, explica Euprepio Padula, director general de la firma de cazatalentos Padula & Partners. “Ahora, sin embargo, además de flexibilizar sus expectativas salariales, cada vez son más los que están dispuestos a expatriarse con la familia a cuestas”.
Lo conocido ha pasado a dar más miedo que lo desconocido. “Cada vez hay más directivos en paro. Y los plazos para encontrar un nuevo puesto se alargan”, afirma Gortari. “Algunos llevan sin trabajo desde el verano pasado. Es normal que cada vez más estén dispuestos al cambio, ya sea de puesto, de ciudad o de país”.
Latinoamérica, Emiratos Árabes y Norte de África son algunos de los destinos que más oportunidades ofrecen a los ejecutivos españoles. “Muchas empresas españolas están diversificando allí sus negocios y nos piden profesionales para formar equipo”, explica Cristina Villanueva, directora de Marketing de Catenon. “Las oportunidades son de lo más variadas, pero sobre todo están en finanzas, energía e infraestructuras. Antes era difícil cubrir las vacantes fuera, ahora ya no. Esta apertura de mentes es una verdadera revolución”.
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flexibilidad es la palabra clave para salir airoso de la metamorfosis del mercado
movilidad geogrÁfica, negociaciÓn de sueldos y viajes en clase turista son parte del peaje por conservar el puesto de trabajo