
Tal vez Nicolas Sarkozy sueñe en secreto con que la plaza parisina del Arco del Triunfo lleve algún día su nombre. Hace años dejó de llamarse la Place de L’Étoile y pasó a conocerse como Charles De Gaulle, en honor al emblemático presidente de los Treinta Gloriosos.
De lo que no hay duda es de que Sarkozy lleva desde que preside el Elíseo empeñado en hacer historia. Y pese a ser un gaullista declarado, va camino de hacerlo impugnando curiosamente parte del legado del fundador de la Quinta República.
Si una de las decisiones más espectaculares de De Gaulle fue abandonar la estructura militar de la OTAN, la de Sarkozy va a ser volver a ella. Todavía le falta la bendición de la Asamblea, que espera conseguir en los próximos días. Y escenificará la vuelta, previsiblemente, en la reunión que la OTAN celebra el 2 de abril a orillas del Rin, en las ciudades fronterizas de Kehl (Alemania) y Estrasburgo (Francia) con motivo del 60 aniversario de la creación de la Alianza.
En 1966 el general envió una carta al presidente estadounidense Lindon Johnson exigiéndole que desmantelara las bases norteamericanas en Francia, lo que provocó el consiguiente traslado del cuartel general de la OTAN de París a Bruselas.
En plena Guerra Fría, la decisión se amparaba en el recelo del nacionalismo francés a subyugar su ejército al antojo norteamericano y como parte de su estrategia de disuasión nuclear. Esa “excepción francesa” ha ido perdiendo sentido con el tiempo y ahora Sarkozy quiere acabar con ella porque, según él, “una nación solitaria es una nación que no tiene ninguna influencia”.
Si bien Francia figura entre los cuatro países que más medios y efectivos aportan a la organización (con 2.800 soldados entre Bosnia, Kosovo y Afganistán), carecía hasta ahora de capacidad de decisión militar. Un contrasentido que el presidente francés quiere resolver con la vuelta a lo que él mismo ha denominado “núcleo duro”.
“Con el retorno, Sarkozy quiere acercarse a EEUU tras la crisis en las relaciones que provocó [su predecesor] Jacques Chirac”, afirma Florentino Portero, profesor de Historia Contemporánea de la UNED. “Es su manera de recuperar el liderazgo europeo y lo hace más fuerte como interlocutor en Washington”.
La decisión de Sarkozy ha levantado una marejada de críticas en Francia entre quienes lo ven como una pérdida de soberanía. Se oponen la izquierda al completo, los viejos gaullistas de su partido y los ex primeros ministros Dominique de Villepin y Alain Juppé.
Estas críticas, sin embargo, suenan a chovinismo caduco fuera de las fronteras francesas, donde la aprobación es casi unánime. Desde Washington agradecen el nuevo compromiso de Francia en las decisiones de seguridad general y la UE celebra que aumente el peso europeo en la Alianza.
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la alianza atlÁntica quiere reinventarse en su 60 aniversario, que coincide con el anuncio de francia de volver a su estructura militar
la decisiÓn de
sarkozy refuerza
su liderazgo en
la ue y le acerca
a washington