
Uno de los primeros postulados de la ley de Murphy sostiene que “nada es tan malo que no sea susceptible de empeorar”. El axioma parece verificarse con cada nueva noticia o previsión sobre la economía.
Tras meses de confusión y desconcierto parece que, por fin, se ha llegado a un diagnóstico sobre la enfermedad. Ahora el reto es averiguar su remedio, dar con los fármacos adecuados y encontrar a un médico preparado para dirigir el tratamiento… y contradecir a Murphy.
Si aplicáramos los consejos del doctor House a la economía, lo primero que tendríamos que hacer para curar a nuestro paciente es “aliviar su dolor”. Lo que, traducido, equivaldría a frenar y suavizar los efectos que la recesión está teniendo sobre los agentes económicos. Esto implica atacar la enfermedad a dos niveles.
En lo que se refiere a la economía real, casi todos los países están intentando que sus ciudadanos sufran lo menos posible. Las medidas de corte keynesiano han sido uno de los primeros recursos empleados. Pero este tipo de acciones plantea dos dificultades. La primera es que determinadas políticas, como sucede con el fondo para obra pública de los ayuntamientos en España, no sacan todo el partido a los recurosos invertidos.
Es necesario aprovechar el componente multiplicador del gasto público para crear empleo que, a su vez, cree más empleo, estimulando el consumo privado. Siendo necesario tapar algunos socavones en nuestros municipios, sería mucho más útil ofrecer cobertura wifi [acceso a internet] en lugares públicos y ampliar la difusión de la banda ancha: se potenciaría la expansión de las empresas y la difusión de ofertas laborales.
La segunda dificultad la encontramos en el elevado nivel que el déficit público está alcanzando. No existe margen para tomar más medidas en esta dirección si no se quiere lastrar el futuro crecimiento del país.
Un ejemplo de este tipo de acciones bien ejecutadas lo encontramos en Chile. La existencia de un fondo contracíclico, previo al estallido de la crisis les ha permitido dirigir sus esfuerzos con mayor precisión y anticipación, promoviendo ayudas que están sirviendo para incrementar la capacidad productiva.
En España, el incomparable crecimiento del paro es nuestro principal dolor. Es perentorio que se actúe con políticas de efectos inmediatos: el establecimiento de un contrato de crisis o la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social serían dos medidas cuyos efectos serían muy positivos.
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no sÓlo en Europa hay paises que lo hacen
mejor que EspaÑa.
chile es un ejemplo
dado que el paro es el principal mal, habrÁ que optar por un tratamiento agresivo, aunque sea impopular