
¡Socorro! ¡Qué viene el lobo!, gritó Pedro el pastor desde el monte. Y cuando todos acudieron a ayudarle se burló de su inocencia: ¡Si ya no hay lobos por aquí! Pedro repitió la broma y así el día en que de verdad llegó el lobo, nadie le ayudó. Con las pensiones pasa algo similar. Cada cierto tiempo hay voces que avisan de que el sistema es insolvente, que puede quebrar, que no habrá dinero para pagar la jubilación de los trabajadores de hoy y menos de los de mañana. Pero, hasta ahora, la insistencia de los expertos ha sido en balde. Ningún gobierno se ha puesto a estudiar la cuestión y las opciones para garantizar las pensiones.
Da igual que afamados liberales lleven años alertando de que el sistema público de reparto supondrá en breve un coste inasumible, y más con la evolución de la pirámide de población, cada vez con mayor número de jubilados y más larga esperanza de vida. “Hay una especie de oposición en la clase gobernante, no ya a adoptar medidas determinadas, sino siquiera a estudiarlas y discutirlas”, señala Fernando Eguidazu, del Círculo de Empresarios.
Ahora parece que el lobo está enseñando las orejas de verdad y, como en la fábula de Pedro, los actuales guardianes de la caja de la Seguridad Social, léase el Gobierno, llevan tantos años oyendo los riesgos de insolvencia del sistema de pensiones que no parecen preocupados en exceso por las alertas que se disparan día a día; su urgencia es el empleo. Pero 2011, 2015, 2020, las fechas que distintos estudios, incluidos los del propio Ministerio de Economía, barajan como tope para la solvencia financiera de la Seguridad Social, con o sin crisis, están cada vez más cerca.
Mientras, en las filas de los expertos, se va haciendo fuerte la necesidad de reformar un sistema “que nos ha servido bien durante cerca de un siglo, pero que debe evolucionar y adaptarse a la nueva realidad social, económica y demográfica”, como señala José Antonio Herce, de Analistas Financieros Internacionales.
¿Cuál es el problema? Sencillamente la prolongación de la vida. Los españoles vivimos durante más años y tenemos que proveer más recursos para mantener nuestro poder adquisitivo durante más tiempo. “Si las generaciones que vienen detrás fueran muy numerosas y productivas, podríamos confiar en que aportaran lo suficiente para nuestros años extra de vida, pero no parece que vaya a ser el caso”, explica un catedrático de Demografía. Las proyecciones indican que las familias van a ser mucho más reducidas y que la productividad no está creciendo. No se puede esperar que los recursos para pagar las pensiones vengan de transferencias intergeneracionales, que es lo que hacen los sistemas de reparto hoy. No se puede dejar todo el peso que supone el coste de vivir más años en las generaciones que vienen detrás. Ningún conocedor de la materia lo duda: hay que acometer una reforma a fondo del sistema.
El momento puede parecer poco indicado. Con el paro escalando posiciones, la afiliación a la Seguridad Social perdiendo las suyas y la economía en un declive que no se sabe cuándo parará. Pero según afirma José Antonio Herce, “no hay mal momento para emprender una reforma imprescindible”.
Riesgos de más. ¿Qué ha cambiado en los últimos meses que agrave la situación real de las pensiones futuras? El paro sigue aumentando de forma dramática. Las 198.838 personas que engrosaron las listas del desempleo el pasado enero no sólo suponen un nuevo récord histórico; están haciendo realidad las previsiones más pesimistas que lanzaron los expertos a lo largo de 2008. Pocos dudan ya de que los 3,3 millones de parados de hoy superen los 4 millones antes de fin de año. La progresión tiende a hacerse geométrica y la destrucción de empleo avanza en el sector industrial a una marcha similar a la de la construcción y va haciendo estragos en el resto de los sectores económicos.
Junto al avance del paro crece la pérdida de afiliados a la Seguridad Social: 349.569 menos en enero, casi un millón (979.055, en concreto) en el último año. Así, son poco más de 18 millones de trabajadores afiliados (18.181.743) los que soportan hoy el peso de los 8,4 millones de pensiones contributivas. Algo menos de 2,2 trabajadores por cada jubilado.
¡Respire!, el sistema aún funciona. La Seguridad Social acabó 2008 con un superávit de 14.400 millones de euros y quedan además 54.000 millones en el Fondo de Reserva. Pero hacen falta cambios que eviten que ese superávit se transforme en déficit este mismo año, que potencien esas reservas, impidan que el Gobierno tenga que recurrir a ellas a corto plazo, y animen la afiliación hasta, al menos, los 20 millones de personas.
La fuerte recesión no ayuda. Las previsiones de aumento del PIB en un 1% este año, lanzadas hace tan solo cuatro meses, se han ido al garete. Se han transformado en una posible contracción del 1,6%, en palabras del ministro de Economía, Pedro Solbes. El riesgo de que el Gobierno necesite recurrir a la caja de la Seguridad Social es cada vez mayor. Pero eso sería una medida coyuntural. Se acabaría reponiendo, como aseguran desde la Administración.
ás difíciles de afrontar son los cambios sociales y demográficos. No hace tanto tiempo, con la esperanza de vida en menos de 70 años, el peso de los jubilados resultaba mucho más ligero económicamente que en la actualidad. Hoy son 80,3 años los que vive de media un español, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
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