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obama, al rescate de la economía

29/01/09 - Gemma Martinez (Nueva York)

El día 20 arrancarán cuatro años de mandato que estarán marcados por el plan de recuperación económica, un proyecto que será pilotado por el propio Obama y por su equipo económico, encabezado por Timothy Geithner (secretario del Tesoro), Larry Summers (director de la Oficina Económica Nacional) y Christina Romer (presidenta del Comité de Asesores Económicos). Junto a ellos trabajarán dos personas clave, Rahm Emanuel (jefe de gabinete) y Tom Daschle (secretario de Salud). Estos dos últimos son “demócratas proempresa que ayudaron a Obama a neutralizar los reflejos antiizquierda del poder establecido”, explica Adolf Reed, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Pennsylvania.

La iniciativa, que se está negociando todavía en el Congreso y el Senado y que difícilmente se aprobará antes de mediados de febrero, coincidirá con la ejecución del último tramo del plan anticrisis aprobado para el sector bancario en octubre del año pasado. Este proyecto nació con 700.000 millones dólares y el Gobierno de Bush sólo ha utilizado 350.000 millones. A principios de esta semana, Bush, a petición de Obama, solicitó a la Cámara Baja la autorización para utilizar los 350.000 millones de dólares restantes. El demócrata asegura que necesita esa munición por si se registran nuevas turbulencias en los mercados financieros. En caso de que no se produzcan quiebras de grandes entidades financieras, Obama tiene intención de realizar una amplia reforma del plan anticrisis y dar un mayor peso a la renegociación de las hipotecas y apoyar el crédito al consumo y a los pequeños negocios. Hasta ahora los 350.000 millones se han destinado a reforzar el capital de las entidades bancarias y aseguradoras. Si estas inyecciones vuelven a hacer falta, Obama ya ha anunciado que establecerá unos requisitos más duros, tanto en la transparencia de la concesión de los fondos como en las exigencias que tendrán que aceptar las compañías sobre las limitaciones a la retribución de sus altos directivos.

Con independencia del proyecto para el sector bancario heredado de Bush, el plan de recuperación diseñado por Obama costará alrededor de 775.000 millones de dólares, repartidos en dos años, aunque la cifra podría elevarse hasta 850.000 millones. Este plan obligará a revisar su programa electoral, renunciando a determinados proyectos que no podrá realizar por falta de fondos o por el posible impacto perjudicial que podrían tener en la economía, como ya se han visto forzados a admitir el demócrata y su entorno. Entre las medidas que se sacrificarán o se retrasarán destaca la subida de impuestos a las rentas económicas más altas (aquellas que ganan más de 250.000 dólares anuales), la renegociación del tratado de libre comercio con México y Canadá, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono o la reforma de la política de inmigración. El proyecto, que se materializará con más gasto público y menos impuestos, se plantea como objetivo la creación o el mantenimiento de entre 3,3 millones y 4,1 millones de puestos de trabajo a principios de 2011, que contribuirán a que el PIB del país, en términos reales, crezca el 3,7% a finales del cuarto trimestre de 2010. Sólo así se podrá evitar que la tasa de paro se dispare por encima de los dos dígitos y que la actividad económica sufra unas pérdidas de tres billones de dólares, según el demócrata que, no obstante, admite que la coyuntura empeorará antes de mejorar y que la recuperación será costosa. Esta última aseveración ha defraudado a estadounidenses como Patrick McCoy, de Hartford (Connecticut), que lamenta que Obama prometiera dar la vuelta a la economía y ahora esté rebajando sus expectativas. McCoy, que cree que el demócrata sabe que no será capaz de arreglar nada, forma parte del grupo Un Millón De Americanos En Contra de Obama, que, pese al nombre, sólo cuenta con 66.500 socios, de momento.

El proyecto de Obama prevé que el 90% de los puestos de trabajo se creen en el sector privado. Las principales actividades beneficiadas serán la construcción (678.000 empleos), el comercio (604.000) y el ocio y la hostelería (499.000).
Para lograr este objetivo, el plan combinará inversiones públicas y recortes fiscales. En principio no estaba previsto que las rebajas de impuestos se integraran en el proyecto, pero Obama ha tenido que revisar su idea inicial para ganar el apoyo de los republicanos moderados, que defienden que es mejor estimular la economía por la vía de los impuestos antes que por el lado del gasto público. Sin sus votos, el plan podría tener problemas para salir adelante en el Congreso y el Senado, ya que los demócratas no cuentan con mayoría suficiente.

El bloque de inversiones públicas incluirá “cambios radicales para mejorar las infraestructuras, otorgar ayudas para promover las fuentes de energía alternativas, realizar inversiones en educación y salvar a sectores industriales como la automoción”, destaca Freed Greenstein, profesor de la Universidad de Princeton. Este capítulo consumirá aproximadamente el 60% del presupuesto, algo menos de lo esperado inicialmente después de que Obama haya aceptado introducir recortes fiscales para particulares y empresas que consumirán el 40% del importe incluido en el plan. Los estados y los ayuntamientos ya se han puesto en la lista de espera para recibir su parte de las inversiones públicas. Varios gobernadores (como los de Nueva York, Nueva Jersey, Ohio, Wisconsin y Massachusetts) están presionando al demócrata para que evite reducir el importe destinado a la construcción de nuevas infraestructuras y para que, en cambio, opte por una menor inversión en proyectos vinculados a la preservación del medio ambiente. La guerra por la captación de fondos no ha hecho más que comenzar, sin que el proyecto todavía haya sido debatido en el Capitolio.

La segunda parte del plan, los recortes fiscales, agrupará medidas ya contempladas por el demócrata, como un crédito fiscal de 500 dólares por persona o 1.000 dólares por familia o la bonificación de cada puesto de trabajo de nueva creación que las empresas creen en 2009. Además, se incluirán recortes que no estaban previstos y que todavía están por definir, tanto para particulares (desgravaciones por el menor uso de energía en los hogares) como para empresas, entre los que se baraja la posibilidad de decretar créditos fiscales para la devaluación de los activos. Este proceso está afectando al sector financiero estadounidense (entre otros) desde el estallido del terremoto de las hipotecas de alto riesgo (subprime). La lista de rebajas fiscales todavía puede ampliarse durante la tramitación parlamentaria del proyecto, para ganar más apoyo. Esta decisión forzará al demócrata a realizar un gran acto de equilibrismo, para impedir perder respaldo dentro de su propio partido, procedente de la corriente situada más a la izquierda, que se opone, entre otras medidas, a congelar los impuestos a las rentas altas.
El que ya se ha convertido en el principal proyecto del nuevo Gobierno, que disparará el déficit de Estados Unidos (cuyo importe superará el billón de dólares en 2009, sin contabilizar la iniciativa de Obama), es defendido, en mayor o menor medida, tanto por los economistas liberales como por los conservadores, a pesar de las dudas que existen sobre su impacto potencial o sobre su presupuesto. El premio Nobel Joseph Stiglizt ha asegurado que para lograr la recuperación económica el importe debe ser mayor, igual que Paul Krugman, el último Nobel, que defiende triplicar el presupuesto, suprimir las desgravaciones fiscales para las empresas y elevar la inversión pública. Gregory Mankiw, profesor de Harvard y ex asesor de Bush, por el contrario, se preguntaba en The New York Times si “gastar dinero del Gobierno de forma tan fácil es la respuesta” a la crisis económica. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, advertía el martes pasado que el plan no permitirá un crecimiento duradero si no cuenta con medidas para estabilizar y fortalecer al sistema financiero.

Los mercados también están haciendo su particular apuesta y creen que la recesión será dura, con independencia de Obama. El parqué electrónico de predicciones Intrade otorga un 52,5% de posibilidades a que la economía de Estados Unidos entre en depresión en 2009. En diciembre este porcentaje era significativamente inferior: un 25%.

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