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Nuevos conquistadores en las AmÉricas

15/01/09 - David Pager

“Mi visita a Latinoamérica no ha sido un viaje de reconocimiento, sino una seria decisión estratégica”, aseguraba el pasado noviembre el presidente ruso, Dimitri Medvédev, durante una gira oficial que lo llevó a Perú, Brasil, Venezuela y Cuba. “Rusia está de regreso en América Latina”, sentenció.

Y su advertencia parece tener detrás algo más que palabras y buenas intenciones. Es toda una realidad. Rusia ha suscrito sustanciosos acuerdos energéticos, comerciales e incluso militares con países de la región –muy singularmente la Venezuela de Hugo Chávez– durante los últimos dos años. E incluso el intento de compra por la rusa Lukoil de Repsol YPF, con una amplísima presencia en la zona, se enmarcaría de forma tangencial en la pretensión de Moscú de ganar relevancia en Latinoamérica.

Aunque el trasfondo económico es evidente, la motivación fundamental del Kremlin es enteramente política. Con su desembarco en América Latina, Rusia busca aplicar a Estados Unidos su misma medicina. Que Washington aumenta su influencia en antiguos países de la órbita soviética y preconiza la entrada en la OTAN de Ucrania y Georgia, pues Rusia se cuela, y a lo grande, en el antaño patio trasero de la superpotencia. Que Estados Unidos instala un escudo antimisiles en Polonia y República Checa, pues Moscú manda a su armada a hacer maniobras al Caribe. Se trata de la “respuesta simétrica” con que tantas veces ha amenazado Vladimir Putin a Washington. Ojo por ojo.

Conquista oriental. Rusia no está sola en este redescubrimiento de América. Otros nuevos conquistadores han saltado a la escena en su intento de tomar el subcontinente. China parece decidida a disputar a Estados Unidos la hegemonía comercial en la zona. El gigante asiático ha multiplicado por ocho sus intercambios comerciales con la región entre 2000 y 2007 (de 12.600 millones a 103.000 millones de dólares, unos 74.000 millones de euros) y los multiplicará por doce si se confirma la previsión de alcanzar los 150.000 millones en 2008.

China ha encontrado en Latinoamérica (también en África) el caladero perfecto en que saciar su hambre de materias primas (petróleo, cobre, hierro, soja…) y también un gran mercado en que colocar sus manufacturas a bajo precio.

Lejos del antiamericanismo ruso, China se cuida mucho de que su expansión en América Latina no conlleve ningún choque con Washington. Nada de aventuras: en países potencialmente problemáticos, se opta por el perfil bajo. Para Pekín es mucho más importante, tanto cuantitativa como cualitativamente, su relación con EEUU. Su única aspiración política, seña de identidad de la política exterior china, es la compra de apoyos diplomáticos para el aislamiento internacional de Taiwán: asumir el principio de una sola China es condición ineludible para convertirse en socio aventajado de Pekín.

Irán también ha intensificado su presencia en América Latina en los últimos años. Pero sus planes tienen un sesgo marcadamente político, y las relaciones económicas siguen siendo modestas. El Gobierno de Mahmud Ahmadineyad busca aliados diplomáticos que refuercen su reconocimiento como potencia regional y que rompan el aislamiento internacional a que está sometido por su programa nuclear. Por ello, de la mano de Hugo Chávez ha encontrado en la región nuevos socios, todos de la misma cuerda que el presidente venezolano: Bolivia, Cuba, Nicaragua…

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china, rusia e irÁn estÁn intensificando, y mucho, su presencia en latinoamÉrica. ¿desplazarÁn a españa como gran inversor en la regiÓn?


china y rusia no son una amenaza para espaÑa. sus inversiones
potenciarÁn el crecimiento de la
regiÓn y se beneficiarÁn empresas espaÑolas que operan allÍ

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