En un momento de aumento de los créditos dudosos por culpa de la desaceleración económica, las instituciones de la Iglesia pueden presumir de morosidad cero. En ese sentido, son un cliente AAA, la calificación de máxima solvencia que otorga la agencia de ráting Standard & Poor’s. No es el tipo de colectivo que más margen hace ganar a la banca. Su operativa es reducida y a menudo contratan productos conservadores, que son los que dejan las comisiones más bajas porque requieren de una gestión poco activa. Pero mientras que la vida media de un cliente financiero tipo ronda los 7 u 8 años, según los estudios de mercado, la de una institución religiosa se alarga por encima de los 25 años. Para una entidad financiera, esa fidelidad es muy codiciada, aunque haya momentos de rentabilidad cero.
Existe competencia bancaria, pero el mercado no está saturado. El mapa se ha ido moviendo lentamente. El salto más significativo lo ha dado Banco Santander, que hace quince años tenía una presencia nula en este segmento, mientras que ahora es el segundo jugador más activo de la banca, según datos manejados por fuentes del mercado. Empezó por las universidades –entre ellas algunas adscritas a la Iglesia– y a partir de ahí fue ganando terreno. Aunque no existen cifras oficiales, quienes están en el sector aseguran que Banco Popular ostenta la posición dominante.
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