Los libros de historia que se estudian en los colegios explican que
1808 fue el año del levantamiento popular contra Napoleón.
También el de la honrosa victoria en la batalla de Bailén
contra las tropas francesas. Y, aunque dos siglos después se
siga celebrando la hazaña, muchas cosas han cambiado desde entonces.
Ahora, el propio presidente del Gobierno ha propuesto a los españoles
la meta de asemejarse al país galo, al menos en algunas de sus
cifras macroeconómicas. Podemos superar a Francia en renta
per cápita en 2013, declaraba hace unos días José
Luis Rodríguez Zapatero. Más allá de rencillas
históricas, ¿es un reto asumible en este momento?
Lo cierto es que la bonanza económica de España ha hecho
que recorte mucho terreno respecto a las potencias europeas en los últimos
tiempos. Recientemente, la oficina de estadística de la Unión
Europea, Eurostat, declaraba (con polémica, eso sí) que
España había superado a Italia en el ránking de
Producto Interior Bruto (PIB) según paridad de poder de compra,
un indicador que mide el poder adquisitivo real teniendo el cuenta el
nivel de precios de cada país. Y no sólo eso. Los datos
de Eurostat también muestran que la economía española
ha reducido la brecha con Francia en 15,6 puntos entre 1997 y 2006.
Ese año, España registró un nivel de 105,2 puntos
(siendo 100 el nivel medio de la UE) y Francia 111,1 puntos.
Si las economías crecieran al mismo ritmo que los últimos
años, alcanzaríamos el objetivo en 2010 y se podría
decir, incluso, que Zapatero ha sido prudente, indica Ángel
Laborda, jefe de Coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorros.
Pero es una reflexión precipitada. Es evidente que es muy
difícil que ambos países mantengan el mismo ritmo de crecimiento
[España cercano al 4% y Francia al 2%], añade.
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Si las dos economías siguieran la tónica de los últimos años, el reto se cumpliría en 2010, pero la ralentización afectará mucho más a España que al vecino galo