Decidir
Operacion rescate
31/01/08 - Texto: S. de la Riva/P.Drake
El Gobierno tiene
un problema. Con forma de casa y un valor de 292.500 millones de euros.
Es el saldo vivo de los créditos que las entidades financieras
tenían concedidos a promotores inmobiliarios en septiembre de 2007,
según datos del Banco de España. La cifra, que representa
alrededor del 30% del PIB, es el gran dolor de cabeza del sector inmobiliario,
del financiero y, por extensión, del Ejecutivo encabezado por José
Luis Rodríguez Zapatero. Porque la amenaza de un crac de parte
del sector inmobiliario, repleto de compañías endeudadas
hasta las cejas y con problemas de liquidez, está contribuyendo
a eclipsar el balance económico que luce con orgullo el líder
socialista de cara a las elecciones del 9 de marzo. La debacle del sector
del ladrillo causa tanta alarma en las grandes cuentas financieras del
país como la escalada de precio de la leche y otros productos básicos
en las de muchos hogares.
El problema no es baladí. El sector inmobiliario influye directamente
en la construcción, que representa el 18% del PIB, entre obra residencial
y civil, y emplea al 13% de la población activa. Por no hablar
de los riesgos que para el sector financiero supone tener créditos
respaldados por unos activos inmobiliarios que, visto cómo está
el mercado, tienen que ser revisados a la baja. La elevada exposición
de la banca española al ladrillo es un argumento para justificar
caídas en bolsa de Popular o Pastor superiores al 40% en los últimos
nueve meses.
Pero bancos e inmobiliarias no sólo comparten lazos crediticios.
También protagonismo en los desvelos de la ciudadanía. El
dinero y la vivienda son importantes en la vida de casi todo el mundo.
La vivienda, en concreto, era en noviembre una de las principales preocupaciones
de los españoles, por delante del terrorismo, según la encuesta
del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Con ese as en
la manga, los empresarios del sector saben que siempre puede haber gente
dispuesta a echarles un cable cuando las cosas vienen mal dadas.
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El freno de la demanda
y la crisis crediticia han puesto de rodillas a las inmobiliarias
Las empresas han
perdido 14.500 millones en bolsa desde julio. Muchas están ahogadas
por las deudas. El Gobierno diseña planes de ayuda, pero los verdaderos
rescatadores sobrevuelan con opas sobre el parqué