Decidir

El precio de la 'solidaridaz'

31/01/08 - Texto: David Page / María García Mayo

"Somos la primera generación que puede eliminar la pobreza”, repite desde hace años Jeffrey Sachs, director del programa de los Objetivos del Milenio, una iniciativa amparada por la ONU en la que 189 países se han involucrado para reducir a la mitad la población que vive con menos de un dólar al día antes de 2015.

Sachs se declara encantado con el compromiso del Gobierno español con el programa. Un compromiso que se ha materializado en una aportación de 528 millones de euros, la mayor recibida por el fondo de los Objetivos del Milenio desde su creación, en 2000. La millonaria donación es sólo uno de los gestos que evidencian la nueva política de cooperación en que se ha embarcado España.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha más que duplicado el volumen de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) de España, desde los 2.428 millones de euros de 2004 hasta los 5.509 millones presupuestados para 2008. Una partida que consolida a España como octavo mayor donante mundial, posición alcanzada en 2006, y con la que el Ejecutivo atiende su promesa de colocar el peso de la cooperación en el 0,5% de la Renta Nacional Bruta (RNB) este año, desde el 0,24% con que se encontró a su llegada al poder. El próximo objetivo es alcanzar el famoso 0,7% en 2012. Una meta que, en cualquier caso, no está exclusivamente en manos del Gobierno central, dado que el 25% del total de la ayuda al desarrollo procede de las arcas de comunidades autónomas y ayuntamientos.

Críticas desde los extremos

El impulso presupuestario del Gobierno a la política de cooperación no se ha dado de bruces con la oposición de sus rivales políticos. El acelerón dado a la ayuda al desarrollo ha sido de los pocos asuntos que en esta agitada legislatura han quedado al margen de la bronca política y en él ha reinado el consenso. Sin embargo, el Ejecutivo se ha topado con las críticas de los que aún consideran la ayuda insuficiente y de una calidad netamente mejorable. Y también con el reproche de aquellos que denuncian los efectos perversos que tiene la recepción de estas ayudas sobre el desarrollo de los países pobres y que, dada su presunta inutilidad, quieren verlas desaparecer.

“Para aliviar la pobreza hay que fomentar lo que mejor ha funcionado en la historia de la humanidad para lograr ese objetivo, que es el libre mercado”, sentencia William Easterly, profesor de la Universidad de Nueva York, que se ha convertido en una de las voces más críticas con la ineficacia de las políticas de desarrollo impulsadas por las potencias occidentales. “Se trata de los europeos y los americanos determinando qué es lo mejor para el resto del mundo. Es una mentalidad paternalista colonial”.


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El Gobierno de Zapatero ha duplicado la ayuda al desarrollo en esta legislatura, hasta 5.500 millones

Pero se enfrenta a las críticas de los que la creen mejorable en calidad y cantidad y de los que denuncian su inutilidad para potenciar el crecimiento económico en países pobres