"Somos la primera generación que puede eliminar la pobreza,
repite desde hace años Jeffrey Sachs, director del programa de
los Objetivos del Milenio, una iniciativa amparada por la ONU en la
que 189 países se han involucrado para reducir a la mitad la
población que vive con menos de un dólar al día
antes de 2015.
Sachs se declara encantado con el compromiso del Gobierno español
con el programa. Un compromiso que se ha materializado en una aportación
de 528 millones de euros, la mayor recibida por el fondo de los Objetivos
del Milenio desde su creación, en 2000. La millonaria donación
es sólo uno de los gestos que evidencian la nueva política
de cooperación en que se ha embarcado España.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha más
que duplicado el volumen de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) de
España, desde los 2.428 millones de euros de 2004 hasta los 5.509
millones presupuestados para 2008. Una partida que consolida a España
como octavo mayor donante mundial, posición alcanzada en 2006,
y con la que el Ejecutivo atiende su promesa de colocar el peso de la
cooperación en el 0,5% de la Renta Nacional Bruta (RNB) este
año, desde el 0,24% con que se encontró a su llegada al
poder. El próximo objetivo es alcanzar el famoso 0,7% en 2012.
Una meta que, en cualquier caso, no está exclusivamente en manos
del Gobierno central, dado que el 25% del total de la ayuda al desarrollo
procede de las arcas de comunidades autónomas y ayuntamientos.
Críticas desde los extremos
El impulso presupuestario del Gobierno a la política de cooperación
no se ha dado de bruces con la oposición de sus rivales políticos.
El acelerón dado a la ayuda al desarrollo ha sido de los pocos
asuntos que en esta agitada legislatura han quedado al margen de la
bronca política y en él ha reinado el consenso. Sin embargo,
el Ejecutivo se ha topado con las críticas de los que aún
consideran la ayuda insuficiente y de una calidad netamente mejorable.
Y también con el reproche de aquellos que denuncian los efectos
perversos que tiene la recepción de estas ayudas sobre el desarrollo
de los países pobres y que, dada su presunta inutilidad, quieren
verlas desaparecer.
Para aliviar la pobreza hay que fomentar lo que mejor ha funcionado
en la historia de la humanidad para lograr ese objetivo, que es el libre
mercado, sentencia William Easterly, profesor de la Universidad
de Nueva York, que se ha convertido en una de las voces más críticas
con la ineficacia de las políticas de desarrollo impulsadas por
las potencias occidentales. Se trata de los europeos y los americanos
determinando qué es lo mejor para el resto del mundo. Es una
mentalidad paternalista colonial.
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Pero se enfrenta a las críticas de los que la creen mejorable en calidad y cantidad y de los que denuncian su inutilidad para potenciar el crecimiento económico en países pobres