El siglo XXI ha sido hasta ahora generoso con la economía española. Pero dentro de la bonanza de nuestro Producto Interior Bruto, hay un indicador que curiosamente ha seguido el camino contrario: las inversiones extranjeras en España.
El volumen de inversiones foráneas ha bajado año a año desde 2000, con la excepción de un pequeño repunte en 2005. Las previsiones para este año apuntan a que las inversiones que compañías de otros países realizan aquí para establecer sus negocios no superarán los 10.000 millones de euros. En esta cifra no se incluyen las Entidades de Tenencias de Valores Extranjeros, que son los holdings que utilizan algunas multinacionales para invertir en otros países a través de paraísos fiscales.
De cumplirse la previsión, en 2007 los extranjeros invertirán un 61% menos que los 25.965 millones de euros recibidos hace siete años. Es cierto que el inicio del siglo fue un año excepcional en todo el mundo para los flujos de inversión internacionales. Pero entre 2000 y 2006 el volumen de estas transacciones descendió un 7%, hasta 1,306 billones de dólares (0,89 billones de euros), una caída mucho más moderada que la sufrida por España, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
La Cámara de Comercio estadounidense ha publicado un decálogo de recomendaciones para fomentar que más empresas foráneas se fijen en España como destino de sus inversiones. Entre las medidas destacan reivindicaciones clásicas como la petición de mayor flexibilidad laboral, las quejas por la elevada fiscalidad de las empresas o la carencia de personal que sepa inglés.
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Mayor flexibilidad laboral, mejoras fiscales para las compañías, más trabajadores con idiomas y una mayor imagen de marca país, entre las recomendaciones.