Con Éxito

"Al político le gusta mucho arreglar la vida a las empresas"

03/01/08 - Texto: Tomás López Morales

La pared frente a la mesa del despacho del presidente de DaimlerChrysler, Carlos Espinosa de los Monteros, es un retablo de recuerdos en el que se mezclan lo personal y lo profesional. En el centro destaca, enmarcada, una acción de DaimlerChrysler, emitida a mediados de diciembre de 1998 en Sevilla, con motivo de la primera reunión global de los directivos de ambos grupos, que siete meses antes habían decidido integrarse.

Era la fusión más grande que el sector había conocido. “Tuvimos mucha suerte con el clima. Muchos ejecutivos, que venían de sitios tan fríos como Detroit, alucinaban con el sol, la ciudad y los patios de naranjos. El ambiente era muy optimista, el mercado estaba en muy buen momento y todo parecía fácil”, recuerda.

Nueve años y un día después de aquella reunión, en el momento de la entrevista, Daimler y Chrysler se encuentran en pleno proceso de separación jurídica. El 80,1% del accionariado de Chrysler ha sido vendido al fondo de capital riesgo Cerberus, en una complicada operación financiera en la que, de hecho, Daimler acabará aportando dinero. En 1998, la alemana invirtió 38.000 millones de dólares para hacerse con el fabricante de Chrysler, Dodge y Jeep.

¿Cómo se puede explicar semejante fracaso? Espinosa de los Monteros da varias razones. “En general, en las grandes fusiones se sobrestiman las oportunidades y se subestiman los riesgos. También cambió el mercado, a peor, especialmente en los últimos años y en Estados Unidos. Y por último, no fuimos capaces de demostrar que se pueden mezclar dos compañías tan distintas. Sobre el papel, las diferencias parecían complementarias, pero luego se descubrieron choques culturales enormes”.


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