Alberto Lorente empezó 2007 haciendo las maletas. Su destino
era Londres. Desde allí gestiona el negocio en Europa y Latinoamérica
de Skype, la empresa de telefonía gratuita por internet que pertenece
al grupo estadounidense eBay. Este ejecutivo de 40 años fue el
encargado en 2005 de poner en marcha la filial española de Skype.
La sensación que me dio es que nadie conocía mucho
Skype en España. Había que explicar lo que era.
Skype utiliza las conexiones a internet para transmitir conversaciones
telefónicas de manera gratuita entre dos usuarios conectados
a la red, o a un coste reducido si se llama a un número telefónico
convencional.
El negocio se ha ido sofisticando, y ahora ya incluye las videoconferencias
o el uso de terminales que no exigen estar físicamente conectado
a un ordenador para usar Skype. Son las ventajas de la llamada voz sobre
IP (Protocolo de Internet, según las siglas en inglés).
Divulgar este concepto fue su primer reto. En apenas año y medio
consiguió triplicar el número de usuarios, que pasó
de menos de un millón en septiembre de 2005 a más de 3,5
millones a principios de 2007. Muchos querrían tener tal clientela,
171 millones de clientes en todo el mundo, pero no en las condiciones
de Skype: el 90% no paga un céntimo porque se limita al uso del
servicio gratuito. Ahora, la tarea de Lorente es traducir ese éxito
de adeptos en ingresos. Una meta nada fácil.
Así lo admitía recientemente Meg Whitman, consejera delegada
de eBay - la firma de subastas online adquirió Skype en octubre
de 2005 por 2.600 millones de dólares, 1.980 millones de euros-.
Whitman aseguraba que la rentabilización de Skype está
siendo más lenta de lo esperado y que tardará en llegar.
En 2006, Skype tuvo una facturación de 195 millones de dólares,
un 225% más que el año anterior. Aun así no se
alcanzó la previsión de ingresos, que se situaba en 200
millones de dólares.
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