Ganador `Premio mejor empresario con corazón´
A simple vista, las fábricas de la empresa de alimentación
Siro no se diferencian de cualquier otra planta de producción
de bollería, patatas fritas o pasta. Pero en estas fábricas
pasan cosas que sólo puedes ver si pones especial empeño.
Las puertas y los pasillos son lo suficientemente anchos para que
puedan circular dos sillas de ruedas al mismo tiempo, y sin apenas
rozarse. Tampoco hay sirenas que avisan cuándo se ha estropeado
una máquina o que ha finalizado un duro día de trabajo,
sino señales luminosas que parpadean hasta que alguien les
presta atención. ¿Qué sucede en estas plantas
de producción?
Ni les sobra espacio ni ocurren fenómenos paranormales. Es
mucho más sencillo. La ley obliga a las empresas con más
de cincuenta trabajadores a reservar un 2% del empleo para contratar
a discapacitados físicos, psíquicos o sensoriales,
pero a Siro le parece insuficiente. El 22,8% de su plantilla tiene
una minusvalía y sus fábricas están adaptadas
a las necesidades laborales de estos trabajadores. Hemos estado
escondidos durante lustros, pero desde hace apenas dos años
queremos enseñar a otros empresarios que es posible enfocar
la acción social desde la rentabilidad industrial. Además
de galletas, pastas y aperitivos, queremos vender empleabilidad,
explica Juan Manuel González Serna, que a sus casi 51 años
lleva las riendas de Grupo Siro, una de las mayores empresas españolas
de alimentación de España con una facturación
de 140 millones de euros en 2005, un beneficio neto de 3 millones
de euros y más de 1.100 empleados.