Es utópico pretender llegar a puestos de máxima
responsabilidad sin renunciar a parte de tu vida privada. Es un
sacrificio, pero sólo entre comillas, porque al fin y al
cabo es una decisión personal que cada uno toma. En
la parte final de su brillante carrera profesional, Miguel Canalejo
sabe de lo que habla.
Tiene 63 años, y en ese tiempo ha ocupado la presidencia
de varias empresas, entre las que destaca Alcatel. Y cree que pudo
haber llegado aún más alto si hubiera sacrificado
más su vida personal. Renuncié a puestos mejores
que me exigían trasladar a mi familia, cuenta.
En 2000 dejó Alcatel para afrontar a otro ritmo nuevos desafíos,
como la presidencia de la empresa de capital riesgo Nazca, y el
desarrollo de una bodega familiar, Pagos de Larrainzar. Ahora disfruta
de una mayor flexibilidad y cierta distancia respeto a las batallas
diarias de las empresas: Creo que las nuevas generaciones
no son tan ambiciosas como nosotros, probablemente porque se han
criado en un entorno de más abundancia.