Tal vez no te hayas dado cuenta, pero desde que volviste de vacaciones
te has reencontrado con un viejo amigo. Llevas años con él,
y aún te queda por delante una larga relación. E intensa:
es lo primero que requiere tu atención cuando te levantas
y también piensas en él antes de acostarte. Con el
fin de las vacaciones vuelve, mandón, casi insultante en
su poder, el reloj. Ahí está de nuevo, dispuesto a
controlar tu vida.
Te queda el consuelo de que eres víctima de la e ra en la
que te ha tocado vivir. El turbocapitalismo impone sus reglas. Todo
es para ayer y esa pulsión por la velocidad se ha trasladado
de la oficina a otros ámbitos; queremos aprender rápido,
comer rápido, curarnos rápido
Hasta los momentos
supuestamente más entrañables se deben comprimir a
toda velocidad. Así que algún empresario avispado
ha puesto a la venta cuentos clásicos para dormir a los niños
en minigrabaciones de un minuto.
Tanta rapidez se paga con enfermedades que a generaciones pasadas
le suenan a ciencia-ficción, como la ansiedad y el estrés.
Pero son males reales, y con un coste muy alto: la Organización
Internacional del Trabajo afirma que el coste de los problemas de
salud mental relacionados con el trabajo suponen el 3% del Producto
Interior Bruto de la UE.
Encuentro
digital con: Fernando Trías de Bes, escritor y profesor
de la escuela de negocios Esade.