
El padre de Dani Rodrick se ganaba la vida fabricando bolígrafos en la Turquía de la Guerra Fría. Era un negocio bastante próspero, no porque hiciera un gran producto sino porque las barreras arancelarias le mantenían confortablemente a raya a la competencia. Hoy nos parece una abominación, pero entonces constituía el paradigma dominante en materia de desarrollo. Los expertos sostenían que el Tercer Mundo había quedado atrapado en sectores improductivos y que era perfectamente legítimo que recurriera al proteccionismo para montar su propia industria y acabar con aquella injusta distribución internacional del trabajo.
La ex directora gerente del FMI Anne Krueger diría posteriormente en un discurso que esta estrategia de sustitución de importaciones era un compendio de “impresiones de turista” y “medias verdades” y que costaba entender que hubiera llegado a aceptarse “de forma tan poco crítica”. Pero si se deja que pase el tiempo suficiente, es algo que puede decirse prácticamente de cualquier teoría. Por ejemplo, del Consenso de Washington, que era el nuevo evangelio que anunciaba Krueger en aquel discurso. Las investigaciones de Rodrik revelan que también es una media verdad que las naciones más abiertas sean las más prósperas o que el intervencionismo no funcione nunca. Él mismo es producto de la sustitución de importaciones: gracias a los aranceles, su familia pudo enviarlo a Harvard (aunque tuvo que aceptar “varios trabajos extraños” para acabar de costearse la estancia).
Al principio, el joven Rodrik pensó en hacerse ingeniero, como la mayoría de los turcos de su generación. Pero en la universidad se dio cuenta de que los problemas de su país no se debían a la falta de técnicos, sino de organización, y estudió políticas. Su padre no debía de verle mucho futuro y lo obligó a cursar un posgrado en economía en Princeton. Fue un acierto (y quizás otro argumento a favor del intervencionismo). Rodrik es hoy una eminencia en desarrollo. Vuela por todo el planeta, asesorando a gobiernos y dando conferencias.
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"No se puede tener toda la globalización que se quiere,
y es mejor que
Europa se vaya
haciendo a la idea”
“El euro no serÁ viable si no mejora la coordinación. Y no hablo sÓlo de coordinación tecnocrÁtica, sino polÍtica”